El pueblo de Camas era hasta hace un mes conocido por haber dado buenos toreros y futbolistas (Curro Romero, Paco Camino, el bético Capi o el madridista Sergio Ramos) o por su tradicional vino de pasas. Desde el 14 de septiembre, esta localidad de alrededor de 25.500 habitantes situada a cinco kilómetros de la capital, es noticia por el supuesto intento de soborno a la concejal Carmen Lobo para que apoyara varios proyectos urbanísticos del gobierno municipal. "Le está haciendo daño al pueblo. No es bueno que sea famoso por eso. Yo estaba más orgullosa de ser del pueblo de Curro Romero, pero esperemos que pase la tormenta", señala Ana Vela, vecina del pueblo desde hace más de 30 años.
"Aquí no hay parques. Sólo éste y otro que es todavía más cutre", lamenta una vecina
"Camas es uno de los pocos pueblos de la zona que ha perdido población"
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Aunque un supuesto caso de especulación inmobiliaria haya llevado a Camas a acaparar la actualidad, lo cierto es que la actividad urbanística en los últimos años no ha sido tan llamativa en este municipio como en otros pueblos del área metropolitana de Sevilla. Camas está encerrada entre la cornisa del Aljarafe y la Vega del Guadalquivir, una zona inundable donde es difícil construir. Lo surcan, además, tres arroyos (Caño Ronco, Montijo y Guía), que han anegado con frecuencia las calles del casco urbano tras fuertes lluvias. Sus posibilidades de crecimiento son muy limitadas y ya parecen casi exprimidas. En Camas, el gran salto demográfico llegó tres décadas antes que en el resto del Aljarafe, en los años sesenta, cuando duplicó su población al pasar de 10.000 a más 20.000 habitantes, muchos de ellos emigrantes extremeños.
Francisco Pinto fue alcalde de Camas 12 años, en los tres primeros mandatos de la democracia. "En 1979 el pueblo carecía de la infraestructura básica, sanitaria, educativa o de atención a la tercera edad. Ahí ya hemos dado un salto considerable", señala Pinto, nacido en la localidad y el único edil de Nueva Izquierda, en la oposición junto al PSOE. Pinto recuerda que hace 50 años Camas era "más pueblo". Hoy es una ciudad dormitorio del área metropolitana, aunque su paisaje se diferencia al de los de la zona en que en su casco urbano no abundan las viviendas unifamiliares, los pareados y los adosados que surgen como setas en otros municipios vecinos. En Camas el suelo es un bien escaso y los nuevos barrios que se levantado en los últimos años han tenido que aprovecharlo con construcciones altura.
Una de las decisiones más importantes en materia urbanística que tomó el gobierno municipal con Francisco Pinto en la alcaldía fue proteger de la especulación todo el terreno de la cornisa del Aljarafe que pertenece al término municipal de Camas y que era carne de urbanizaciones residenciales. El Ayuntamiento optó por reservarlo para hacer un parque periurbano, que todavía no se ha podido acometer por falta de financiación, pero que, al menos, parece haber salvado al pueblo de la saturación demográfica que están empezando a padecer otros municipios.
Más bien al contrario. Camas es uno de los pocos pueblos dormitorio de Sevilla que ha perdido población en los últimos años. Aunque la variación es casi insignificante, según el último informe económico financiero del área metropolitana elaborado por Sevilla Global (la agencia urbana de promoción económica perteneciente al Ayuntamiento de Sevilla), Camas tiene hoy 106 vecinos menos que en 1998 (25.499 frente a 25.393). La escasa oferta de vivienda puede ser una de sus causas. Puri López, nacida en Camas hace 35 años, va a ser de las próximas en marcharse. Acaba de comprarse una casa en Salteras, una localidad de la llamada segunda corona del Aljarafe, a 12 kilómetros de la capital. "Me voy porque me gusta el pueblo y me ha gustado la casa. Aquí son muy caras y peores. Allí también son caras, pero son mejores", asegura. Le da pena marcharse aunque dice que Camas le gustaba más antes. "Ahora todo el mundo es de fuera. Yo no conozco a la mitad de la gente de mi calle, va cada uno a lo suyo", afirma. Las dos amigas que le acompañan, asienten dándole la razón.
Las tres vecinas están sentadas en la plaza del Ayuntamiento junto a un pequeño parque infantil en el que juegan sus hijos. Un terreno de arena más bien descuidado y con muchos más niños que columpios. "Aquí no hay parques. Sólo éste y otro que es todavía más cutre. Casi no tienen cosas para jugar, están sucios, sin vigilancia", se quejan las madres. "Camas nunca ha sido bonito, pero está dejado. Mira las flores del Ayuntamiento", dice Esperanza Tabuenca señalando los maceteros de la plaza, sembrados de flores completamente secas.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 10 de octubre de 2005