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Reportaje:DOPAJE | La gran lacra del deporte

El insoportable estigma de la mentira

Avergonzada por la política de la antigua RDA de dopar a sus deportistas, la ex atleta Inés Geipel pide que la borren de los 'ránkings'

La gran mentira del dopaje de Estado de la antigua República Democrática Alemana (RDA) es un caso sin cerrar en la propia Alemania. Se agita cada cierto tiempo y recuerda la hipocresía en la élite del deporte. Contra ella, y en una vuelta de tuerca dentro del escándalo sin fin que supuso descubrir el montaje sistemático de trampas farmacéuticas, se ha levantado la ex atleta Inés Geipel, Schmidt de soltera, una velocista y saltadora de longitud protagonista a su pesar de la trama. Presidenta actual de Círculo de Autores alemán y profesora de universidad, ha pedido por carta a la Federación Alemana (DLV) que borren sus marcas y récords de las listas. Desde 1984, Geipel mantiene con tres compañeras del Motor Jena la plusmarca germana de clubes en los 4x100 metros. La DLV estudiará en noviembre su petición.

Aun sospechosos, todos los récords se mantienen porque no hay condenas jurídicas

"Los hechos sobre el dopaje sistemático y forzado de la ex RDA son conocidos. Por ello les ruego que me quiten de sus ránkings", ha escrito Geipel a la DLV. Autora de varios libros, ha contado su experiencia vivida en primera persona como conejillo de Indias. Al retirarse, sufrió bulimia y tuvo serios problemas de obesidad. El pasado 12 de septiembre, 194 antiguos deportistas de alto nivel, muchos con enfermedades graves a los que se reconoció como víctimas del dopaje programado, fueron indemnizados por el Estado alemán. Son el 63% de los 308 que reclamaron al Gobierno, que en 2002 creó un Fondo de Ayuda a los Deportistas Víctimas del Dopaje (DOHG) dotado con dos millones de euros. Cada uno recibirá algo más de 10.000 euros. Otro centenar aún espera sacar más dinero de Jenapharm, filial del grupo farmacéutico Schering, criticada por colaborar sólo con 25.000 euros al fondo y productora de anabolizantes para los 10.000 deportistas que manipuló la RDA para brillar. Un 10% de ellos, según las estadísticas, tiene secuelas importantes.

Precisamente, el jueves pasado se cumplieron 20 años de uno de los récords más impresionantes del atletismo. La alemana oriental Marita Koch batió en la Copa del Mundo, en Camberra (Australia), el de los 400 metros femeninos con un tiempo que habrían querido muchos hombres: 47,60s. Se tomaba así una cumplida revancha de su ausencia en los Juegos Olímpicos de Los Ángeles 84 por el boicoteo de la RDA y todos los países del Este, excepto Rumania. Su plusmarca, al no haber dado positivo nunca en los controles antidopaje, claramente entonces por detrás de las trampas, es una de las cuatro que continúan en poder de atletas de la RDA, lo mismo que una olímpica en natación, de Heike Friedrich, así como cuatro en atletismo al aire libre y otras dos mundiales en pista cubierta.

Una de éstas últimas quizá sea la única sin sospechas, pues la posee la saltadora de longitud Heike Drechsler, una de las escasas atletas que sobrevivió a la caída del Muro de Berlín y continuó brillando al más alto nivel con la nueva Alemania en una clara muestra de calidad. Pero no fue el caso de la mayoría, que desapareció como si nunca se hubiesen llenado de títulos y medallas. Antes del derrumbamiento sólo dio positiva una de las estrellas, Ilona Slupianek, casada con el lanzador de disco Harmut Briesenick, que mantiene el récord olímpico de lanzamiento de peso desde Moscú 80. Tres años antes cayó en un control tras ganar la Copa de Europa. Cumplió un año de sanción y después brilló aún más. Ella misma declaró a este periódico en diciembre de 1989: "No me siento culpable. Los controles eran arcaicos y tenían que buscar una cabeza de turco, dados los éxitos de nuestro país. Después de aquello conseguí mis mayores triunfos". Eso sí, reconoció que se les hacían controles antes de salir al extranjero en el laboratorio de Kreischa. Así, muchos atletas eran eliminados de las selecciones. Werner Franke, experto en la lucha antidopaje, ha admitido en una reciente entrevista que muchos dopados no sabían que lo estaban.

Aunque parte de los éxitos de la RDA es indudable que se debieron a los más completos métodos de preparación, ha quedado al descubierto que en su complejidad formó parte fundamental el dopaje. Y Alemania se debate aún en la ambigüedad. Mientras las paredes del estadio Olímpico de Berlín se llenaron con los nombres grabados de todos los campeones alemanes, incluidos los de la RDA, una iniciativa como la de Geipel ahora ya la tomó la DLV al pedir a la Federación Internacional (IAAF) que pusiera el contador a cero el 31 de diciembre de 1999. Quedarían entonces sólo como récords del siglo los vigentes en ese momento, y no sólo los logrados por atletas alemanes orientales, sino también por todos los de los países comunistas, igualmente sospechosos de dopaje. Sería algo parecido a lo que hizo la halterofilia, deporte totalmente desbordado por el dopaje. Pero la IAAF rechazó la propuesta de anular las marcas, en la misma línea que ha hecho el Comité Olímpico Internacional (COI), porque, "jurídicamente", no hay condenas. La DLV parece conformarse con seguir la misma línea. "Nos enfrentamos siempre a un dilema", ha dicho su presidente, Clemens Prokop; "por un lado, había un dopaje sistemático de atletas, pero, por otro, para anular un récord es necesaria una relación de causalidad jurídica entre la marca y el dopaje".

En cualquier caso, la lista de adelantados a su época, mujeres fundamentalmente, con récords mundiales que 20 años después ni siquiera se rozan, mueven por simple sentido común a la sospecha. Veinte años sí es algo. Junto a los nombres de la RDA ya marcados, la encabeza la fallecida velocista estadounidense Florence Griffith (100 y 200 metros), la única occidental, con la checa Jarmila Kratochvilova (800), la gran rival de Koch en los 400; las rusas Nadezhda Olizarenko (800), Tatiana Kazankina (1.500) y Natalia Lisovskaya (peso) o la búlgara Yordanka Donkova (100 vallas), entre otras. Y la pueden cerrar las fondistas chinas de principios de los 90, la armada de Ma Jun Ren, que aún poseen las plusmarcas de los 1.500, los 3.000 y los 10.000 metros. Hasta 12 de los actuales récords mundiales femeninos fueron batidos entre 1983 y 1988. Ni la norteamericana Marion Jones, también en cuarentena, logró acercarse a los estratosféricos 10,49s y 21,34s de Griffith. Ni las cuatrocentistas o mediofondistas, que están a más de dos segundos de Koch, Kratochvilova y las chinas. Jurídicamente, no hay pruebas, como de otras grandes estrellas. La duda es libre, pero pinta culpabilidad.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 10 de octubre de 2005