Además del control antidopaje que ordena el COI, los ocho participantes en San Luis pasan cada día por un detector de metales cuya principal función es evitar que los jugadores entren en la sala con teléfonos móviles o cualquier otro artilugio -un microauricular, por ejemplo- que sirva para recibir soplos de jugadas durante las partidas. Y sus ocho retretes son minuciosamente inspeccionados por los árbitros con el mismo fin.
Aparte de que el sonido de un móvil podría provocar algún infarto en el silencio sepulcral de un torneo de ajedrez, la prohibición se basa en antecedentes concretos. Por citar sólo un caso, un jugador -en realidad, no sabía jugar- que se inscribió con el apellido falso Von Neumann ganó varias partidas en el Abierto de Filadelfia de 1993 porque un amigo conectado en otro edificio a un potente ordenador le chivó las jugadas a través de un microauricular.
Más que un tramposo, era un provocador: John von Neumann (1903-1957) fue un gran matemático estadounidense de origen húngaro que se distinguió precisamente en el diseño de computadoras y el estudio de la teoría de los juegos.
Kaspárov lo ha advertido: "El dopaje temible en el ajedrez es el electrónico. Habrá que bloquear la sala para impedir todo tipo de ondas".
* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 10 de octubre de 2005