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Crítica:LAS VENTAS | LA LIDIA

Toreros en apuros

La corrida de Victorino no fue fácil. Bien presentada, guapa de verdad, con cuajo y seriedad, fibrosa y musculada; pero también dura, bronca, correosa y pegajosa. Toros de preciosa lámina, que cumplieron sobradamente en los caballos, pero que vendieron cara sus vidas con un aprendizaje rápido, sin romper nunca, revolviéndose en un palmo de terreno la cara siempre alta, corto el viaje y a la búsqueda de los tobillos toreros. Toros de otra época, de imponente respeto, de astifina arboladura y de áspero carácter. Toros de Victorino para la emoción del peligro, para la tensión que impone la dificultad extrema, para la heroicidad que supone que un hombre se juegue limpiamente su vida en un afán por dominarlos.

Martín / El Fundi, Padilla, Encabo

Toros de Victorino Martín, bien presentados, serios, cumplidores en los caballos, ásperos, broncos y sosos. El Fundi: media tendida (silencio); pinchazo hondo y seis descabellos (silencio). Juan José Padilla: gran estocada (ovación); gran estocada (palmas). Luis Miguel Encabo: dos pinchazos, media tendida y un descabello (silencio); dos pinchazos, media y dos descabellos (silencio). Plaza de las Ventas. 9 de octubre. Última corrida de la Feria de Otoño. Lleno.

Pero ayer no hubo héroes en Las Ventas. Toreros, sí, respetabilísimos, pero en apuros, en apuros impropios de su experiencia y probada capacidad. Hubo momentos de interés como un quite por chicuelinas de El Fundi, dos grandes estocadas y un magnífico par de banderillas de Padilla, unas verónicas apasionadas de Encabo al tercero y otro gran par de banderillas por los adentros, pero los tres matadores se mostraron afligidos, sin recursos y vulgares en el tercio final. Toros de antes para toreros de hoy, que ni lidiaron a la manera antigua ni según los cánones modernos. En suma, un tostón sólo soportable por aficionados armados de santa paciencia.

Nada dejó para el recuerdo el veterano Fundi en su lote, que no fue bueno, como ya queda dicho, pero no están justificadas sus muchas dudas y su carencia de ideas para resolver los variados problemas de su lote.

A su misma altura rayó Padilla, excepción hecha de los dos estoconazos. A la defensiva siempre, mal colocado, sin fe ni confianza en su toreo, pasó sin pena ni gloria.

Muy decidido con el capote se mostró en todo momento Encabo, siempre atento a los avatares de la lidia. Participó en quites y se arrebujó en unas magníficas verónicas de recibo al tercero. Pero tampoco brilló con la muleta, muy despegado, acelerado, sin encontrar nunca ni el terreno ni la distancia.

La corrida de Victorino Martín no era fácil, pero los toros exigían toreros más suficientes y más lidiadores. La desigual pelea la ganaron los toros, dominadores en todo momento de la incómoda situación que ellos mismos crearon. De cualquier manera, respeto siempre para quien se encierra en Madrid, en otoño, con esta ganadería. Las llamadas figuras prefieren verla por televisión, más cómodo, sin duda, y sin que pasen facturas en los despachos cuando lleguen las negociaciones de San Isidro.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 10 de octubre de 2005