Casi 60 años de guerras, desgarros y dolor parecían tocar a su fin, cuando un nuevo espanto ha venido a castigar a los cachemires, que ni siquiera han tenido tiempo de soñar con la paz.
El pasado miércoles, el presidente de Pakistán, en un intento de acelerar el proceso de paz entablado con India en 2004, pidió ayuda a Estados Unidos para resolver la disputa territorial sobre Cachemira, que es, dijo, la "raíz de la tensión en el sur de Asia".
Ahora más que nunca, las dos potencias nucleares parecen tener una voluntad firme de poner fin a la guerra -a veces activa y a veces larvada- que sostienen desde el mismo día de la partición de India y Pakistán (1947).
Islamabad y Nueva Delhi volvieron a enseñarse los dientes en 2002 y, tras colocar más de un millón de soldados a lo largo de la frontera común, estuvieron a un paso de entablar su cuarta guerra desde la independencia británica. Las fuertes presiones internacionales y el terror que desató en ambos países la posibilidad de una guerra nuclear llevó a los dos Gobiernos a iniciar el que parece su intento más serio de poner fin a la cuestión de Cachemira.
Esa bellísima región, que se extiende a las faldas de la cordillera del Himalaya, las cumbres más altas del mundo, no ha tenido un momento de sosiego desde la partición de la llamada "joya de la Corona", ya que los británicos se fueron de India sin resolver el futuro de ese Estado de mayoría musulmana. La guerra que siguió a su salida dividió la región a través de la Línea de Control vigilada por la ONU, según la cual el 45% del territorio quedó en poder de India, un tercio bajo Pakistán y el resto, en manos de China.
Aparición del JKLF
El problema de Cachemira se agudizó con la aparición hace 16 años del independentista Frente de Liberación de Yamu y Cachemira (JKLF). Nueva Delhi acusa a Islamabad de apoyar y financiar a ésta y otras guerrillas islámicas, que combate con un fuerte dispositivo militar. Al menos 70.000 personas han muerto en los enfrentamientos entre militantes y soldados, aunque la mayoría son civiles.
En los dos últimos años, sin embargo, India y Pakistán han dado pasos que revelan una voluntad de pacificación. Entre ellos destaca la considerable reducción del número de efectivos de ambos países a lo largo de la frontera común y, después de facilitar las reunificaciones familiares, el establecimiento de una línea de autobuses que comunica Srinagar -la capital de la Cachemira india- con Muzaffarabad -la capital de la Cachemira paquistaní ahora devastada por el terremoto-.
Los contactos entre los dos Gobiernos son ahora casi fluidos. La misma semana pasada sus ministros de Exteriores se reunieron en Pakistán para tratar de resolver "en dos o tres meses" las diferencias fronterizas en el glaciar de Siachen.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 10 de octubre de 2005