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La presidencia de Polonia se decidirá en la segunda vuelta

Los conservadores Tusk y Kaczynski son los más votados

El candidato de la derecha liberal, Donald Tusk, de 48 años, fue el más votado en la primera vuelta de las elecciones presidenciales de ayer en Polonia, según los resultados provisionales, que le otorgaban el 34,8% de los votos. Tusk se medirá dentro de 15 días al conservador Lech Kaczynski, de 56 años, que obtuvo el 33,3%, en una carrera que, tras los resultados de ayer, dista de haber concluido. Los comicios confirmaron el giro a la derecha iniciado en las generales del 25 de septiembre: el candidato de la izquierda se quedó en el 9,9%.

El sucesor del socialdemócrata Alexander Kwasniewski, presidente desde 1995 a quien la ley impedía optar a la reelección, saldrá de las filas de la antigua Solidaridad, aunque aún es temprano para saber si será Tusk o Kaczynski, puesto que ninguno de los dos logró el 50% necesario para ser elegido y la diferencia entre ambos es mínima. Escrutado el 62%, los resultados provisionales mantienen la tendencia apuntada desde hace semanas, que situaban en cabeza a Tusk, candidato de Plataforma Cívica (PO, en sus siglas polacas), seguido por el líder de Ley y Justicia (PiS) y alcalde de Varsovia.

Ambas formaciones se han comprometido a gobernar juntas, aunque no habrá ningún acuerdo hasta que concluyan las presidenciales. Tusk y el PO son neoliberales en economía y conservadores en lo social, mientras que Kaczynski y el PiS son más intervencionistas, nacionalistas y más conservadores aún. La participación fue del 49,3%: más que las generales pasadas, pero mucho menos que cualquier votación presidencial anterior, que en la primera vuelta siempre había superado el 60%.

En las generales de hace 15 días, el PiS logró casi tres puntos de ventaja sobre el PO. Ayer, los términos se invirtieron, según los sondeos a pie de urna de los institutos Obop y Gfk, muy similares. Tras Tusk y Kaczynski se sitúa el excéntrico Andrzej Lepper, líder del agrario-populista Autodefensa, con un resultado mejor del esperado: alcanzó el 16,7%, a costa de comerse el espacio del tradicional partido campesino (PSL), que no llegó al 2%. El candidato de la izquierda, Marek Borowski, que se marchó del partido de Kwasniewski (SLD) acusándolo de corrupción pero que ha recibido su apoyo al no presentar el SLD ningún candidato, consiguió el 9,9%.

"¡Ha sido una victoria del optimismo y de la Polonia abierta!", clamó Tusk, rodeado del fervor de los suyos. "¡Estoy seguro de la victoria de la Polonia solidaria y verdadera!", gritaba al tiempo Kaczynski tras conocer el resultado de los sondeos. Ambos conversaron a través de la televisión pública y quedó claro, por la crispación que rezumaban, que la lucha entre los teóricos socios de Gobierno y ex compañeros de Solidaridad será despiadada hasta el final.

Los dos se mostraron convencidos de su triunfo en 15 días y los resultados provisionales dejan abiertos los suficientes interrogantes como para que ambos tengan esperanzas. Aunque se confirme el primer puesto de Tusk, algo que todos los analistas daban anoche por seguro; la fuerza demostrada por Autodefensa, populista, nacionalista y con apoyos sólidos en el campo, supone en principio un espaldarazo para las aspiraciones de Kaczynski. Paradójicamente, el neoliberal Tusk aspira a conquistar votos entre los votantes de izquierda que temen el ajuste de cuentas con el pasado comunista que abandera de forma estridente el alcalde de Varsovia, aunque el capitalismo social que éste defiende le permite también cazar votos a la izquierda.

Kwasniewski lamentó la baja participación, que los analistas atribuyen en parte a una inacabable campaña electoral provocada por tres elecciones pegadas: las generales de hace 15 días, las presidenciales de ayer y la segunda vuelta del próximo día 23. El ex presidente Lech Walesa dijo estar "furioso" por una abstención de esta magnitud después de tantos años de lucha para conquistar el derecho a votar.

Ni siquiera la Iglesia, que conserva una importante fuerza social en Polonia y que ha considerado que votar es una obligación para los fieles, logró que se llenaran las urnas. Algunas parroquias ofrecen los domingos hasta seis misas matinales, una detrás de otra, y muchos párrocos reiteraron ayer el recordatorio.

Lech Kaczynski, que ha utilizado tanto su fervor católico en la campaña que incluso ha sido amonestado por la neutral jerarquía eclesiástica, no renunció a jugar de nuevo esta carta ayer mismo, con los colegios electorales abiertos: anunció que, en caso de ser elegido, su primer viaje al extranjero será a la Santa Sede.

El Pato Donald

Los polacos están cansados de los políticos, pero no pierden el buen humor. El chiste de moda dice que en Polonia va a gobernar el Pato Donald, un juego de palabras sobre los candidatos de Plataforma Cívica (PO) y Ley y Justicia (PiS). El juego mezcla el nombre del candidato de PO, Donald Tusk, con el apellido de los hermanos gemelos que dirigen el PiS, Jaroslaw y Lech Kaczynski. La raíz del apellido -kaczka- significa pato en polaco.

La campaña ha supuesto el regreso de una estrella fugaz: el empresario canadiense de origen polaco Stanislaw Tyminski. En 1990, en las primeras presidenciales logró el 23% de los votos y apartó de la segunda vuelta a un peso pesado como Tadeusz Mazowiecki. Ahora ha vuelto con un lema: "Hagamos de Polonia nuestra madre y no nuestra cruel madrastra". Los sondeos le dan menos del 1%.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 10 de octubre de 2005

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