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La derecha portuguesa mantiene el poder en Lisboa, Oporto y Sintra

Los socialistas logran más votos que en las municipales de 2001

Portugal eligió ayer a sus 308 alcaldes y 40.000 representantes municipales en un día lluvioso que acabó con la derrota del Partido Socialista. Al frente del Gobierno con mayoría absoluta, los socialistas lograron al menos 100.000 votos más que en 2001 pero no pudieron recuperar ayer las alcaldías de Lisboa, Oporto y Sintra, que siguen en manos del conservador PSD. Los analistas, que preveían un castigo al PS por la política de ajuste económico del Gobierno de Sócrates, no erraron en el caso de los cuatro candidatos independientes perseguidos por la justicia: tres de ellos arrasaron ayer.

Con una participación muy similar a la de hace cuatro años (en torno al 63%), el PSD mantiene, solo o en alianza con otros, el poder en las tres mayores cámaras municipales portuguesas. En Lisboa, Oporto y Sintra, los tres candidatos socialistas (Manuel Maria Carrilho, Francisco Assis y João Soares) perdieron claramente sus batallas contra Antonio Carmona Rodrígues, Rui Rio y Fernando Seara, respectivamente.

En Lisboa, el candidato socialista obtuvo un 26% de los votos, mientras su rival, Antonio Carmona Rodrigues (un independiente apoyado por el PSD), consiguió el 40,7%.

En Oporto, el alcalde Rui Rio (de la alianza conservadora PSD/CDS-PP) reeditó y aumentó su triunfo de hace cuatro años, con un 48,8% de los votos, muy por delante de Francisco Assis (PS), que se quedó en el 34%.

Mientras tanto, en Sintra, con un 40% escrutado, el candidato derechista Fernando Seara obtuvo un 42% de los votos, suficiente para derrotar al socialista João Soares, que consiguió el 32%.

Aunque las últimas encuestas apuntaban una posible remontada socialista, las elecciones de ayer acabaron repitiendo casi como un calco el mapa local de 2001: los socialistas obtienen al menos 110.000 votos más que en 2001, vuelven a ser la fuerza más votada (obtienen el 37% de los votos totales frente al 29% del PSD y el 10% de la CDU, coalición de mayoría comunista), pero pierden en número de alcaldías y no consiguen recuperar las ciudades cruciales.

El PSD gobernará, además de Lisboa, Sintra y Oporto, en Leiria, Aveiro, Coimbra, Santarem y Cascáis, entre otras. Su líder, Luis Marques Mendes, reivindicó la "gran victoria" del PSD y pidió al Gobierno "claridad y coherencia para superar la crisis que vive el país". "Mayoría absoluta no es igual que gobierno absoluto", dijo.

El primer ministro socialista, José Sócrates, compareció para felicitar y desear suerte a "todos los alcaldes electos" y evitó aceptar el resultado como un castigo a sus medidas económicas: "Hoy no estaba en juego la popularidad del Gobierno sino el poder local. Los portugueses saben muy bien que las municipales no son contra-legislativas y que las legislativas no son contra-municipales", afirmó.

"El gobierno no gobierna pensando en las elecciones sino en las necesidades del país", añadió Sócrates, "y cualquier lectura de estas elecciones que desprecie esa elemental lección de democracia hace un flaco favor al país o es un ejercicio de oportunismo".

Fenómeno mediático

El fenómeno mediático de esta cita electoral, Fátima Felgueiras, ex alcaldesa socialista de la Felgueiras, arrasó en las urnas. Procesada por 23 supuestos delitos económicos, obtuvo el 53% de los votos en su regreso a la política tras su fuga a Brasil. "La democracia ha hablado", dijo la líder del Movimiento Siempre Presente. "Espero que todos respeten la decisión del pueblo", añadió Evita, también conocida como la segunda aparición.

En Gondomar, otro de los cuatro "renegados", Valentim Loureiro, obtuvo una "victoria estruendosa", según definición propia: el 62% de los votos. La cifra da al ex alcalde y presidente de la Liga de Fútbol, acusado de varios delitos de malversación y corrupción activa en el caso Apito dourado (Pito dorado, llamado así por su implicación en la compra de árbitros), una de las victorias más holgadas del país.

También salió triunfador el ex alcalde conservador de Oeiras y ex ministro de Durao Barroso, Isaltino Morais, que logró como independiente el 32% de los votos de la zona de clase media cercano a Lisboa.

El cuarto político inquirido por la justicia, Avelino Ferreira, antes democristiano, sólo pudo ser segundo en Amarante. Ferreira, que afronta acusaciones de malversación, culpó a la prensa y al PS: "Toda la prensa, toda, estaba comprada por el Partido Socialista", dijo.

Denuncia contra Soares

El veterano líder socialista Mario Soares, candidato a las presidenciales de enero, protagonizó ayer una de las noticias de la jornada electoral. Al salir de su colegio electoral en Lisboa, Soares pidió explícitamente el voto para su hijo João, candidato a la alcaldía de Sintra, uno de los distritos a priori más disputados. "Todo el mundo sabe que hay un empate técnico y espero que se decida a favor del candidato socialista, o sea, João Soares", dijo el ex presidente de la República, de 80 años.

Según el portavoz de la Comisión Nacional Electoral, Nuno Godinho de Matos, las declaraciones de Soares "violan la Ley Electoral de las Municipales, que prohíbe apelaciones al voto en día de elecciones". Godinho de Matos añadió que la CNE daría conocimiento del hecho al fiscal.

Es la segunda vez que Soares viola la Ley Electoral, según informó la agencia Lusa. La primera fue en las últimas elecciones legislativas, el 20 de febrero de este año, cuando Soares pidió una "mayoría absoluta del Partido Socialista". El candidato a las presidenciales declinó hacer comentarios.

La nota chusca del día sucedió en Oeiras, feudo cercano a Lisboa, donde triunfó el ex alcalde del PSD, ahora candidato independiente tras ser procesado, Isaltino Morais. Imputado en un juicio que investiga cuentas en Suiza, Morais ha sido acusado de corrupción pasiva, evasión fiscal y blanqueo de dinero.

Su oponente socialista, Emanuel Martins, denunció ayer ante la Comisión Nacional Electoral que las fuerzas de Morais transportaron en varios autobuses a algunas decenas de electores de los barrios más desfavorecidos del distrito hasta los colegios electorales. Martins dijo que algunas de esas personas, de origen africano y sin nacionalidad portuguesa, no eran siquiera aptas para votar. Los socialistas probaron la acusación con fotos y las matrículas de los autocares.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 10 de octubre de 2005

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