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Díez de Velasco, prestigio de Pelayo

El catedrático Manuel Díez de Velasco Vallejo recogió anoche el XI Premio Pelayo para juristas de reconocido prestigio, en reconocimiento a su labor como catedrático de Derecho Internacional y por sus anteriores funciones como magistrado del Tribunal Constitucional y juez del Tribunal de Justicia de las Comunidades Europeas. Díez de Velasco está considerado la primera autoridad en Derecho Internacional Público y Privado, materia en las que ejerce la docencia desde que se licenció en la Universidad de Valladolid en 1949. Catedrático de las universidades de Granada, Barcelona, Autónoma y Complutense de Madrid, fue designado entre los primeros magistrados del Tribunal Constitucional y ejerció como magistrado del Tribunal de Justicia en Luxemburgo entre 1988 y 1994. Ha sido condecorado con la Gran Cruz de Isabel la Católica, la de San Raimundo de Peñafort, del Mérito Civil, Mérito Constitucional y del Gran Ducado de Luxemburgo. La concesión del galardón, dotado con 30.000 euros, fue decidida por un jurado presidido por el ex jefe de al Casa Real, Sabino Fernández Campo, y el presidente de Pelayo Mutua de Seguros, José Boada Bravo. Díez de Velasco recibió el premio de manos del presidente del Congreso, Manuel Marín, en un acto celebrado en el Casino de Madrid al que asistieron las primeras personalidades del mundo del derecho; el presidente del Senado, Francisco Javier Rojo; la presidenta del Tribunal Constitucional, María Emilia Casas; el del Tribunal Supremo, Francisco Hernando; el ministro de Justicia, Juan Fernando López Aguilar; el de Defensa, José Bono; el presidente del Consejo de Estado, Francisco Rubio Llorente, y el fiscal general del Estado, Cándido Conde-Pumpido, además de catedráticos, magistrados, fiscales, abogados... Tras la entrega del premio, Díez de Velasco asombró a la concurrencia al asegurar que sólo había ido al colegio durante nueve meses: "Soy un niño de la guerra. Mis recuerdos empiezan el 14 de abril del 31, siguen con la República, la preguerra y la Guerra Civil, que viví en las dos zonas, con Ejércitos derrotados y victoriosos. No tuve infancia y nosotros fuimos una especie de viejos prematuros. Sólo fui al colegio durante nueves meses y el resto, para aprobar el examen de ingreso, me lo enseñó mi madre". El eminente catedrático ironizó: "Quise ser historiador y acabé siendo jurista. Nunca pensé en ser juez porque era un cargo que me impresionaba mucho y acabé haciendo de juez".-

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 11 de noviembre de 2005