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Reportaje:

Imágenes de la memoria

Una exposición reúne en Sevilla fotografías de Mauthausen y recuerda a los andaluces muertos en los campos nazis

Francisco Berrocal Palacio nació en Archidona (Málaga) en 1889, pero tuvo que marcharse de España después de la Guerra Civil. Huyó a Francia para salvar la vida, pero la perdió en el campo de concentración de Gusen, al que había llegado, con 53 años, en 1941. Antes había pasado por varios campos de prisioneros de los aliados y por Mauthausen. Su nombre, su periplo y lo que se sabe de su muerte es una de las casi 900 historias que recoge la exposición Imágenes y Memoria de Mauthausen, que desde ayer y hasta el 10 de diciembre puede visitarse en el Real Alcázar de Sevilla.

La muestra, que se estrenó en Austria con motivo del 60 aniversario de la liberación de este campo, ha llegado a la capital andaluza de la mano de la Junta de Andalucía y varias asociaciones de recuperación de la memoria histórica. El grueso de la exposición son imágenes tomadas en los campos de concentración y cuyos negativos fueron sustraídos por un grupo de presos españoles. Años después, estas imágenes sirvieron para dar testimonio de la barbarie del Holocausto en el juicio de Nuremberg.

"Se jugaron la vida para robar estas fotos. Tuvieron la intuición de que algún día serían muy útiles para la humanidad", señala José María Romero, comisario para la Recuperación de la Memoria Histórica de la Junta. Para contextualizar la muestra en Andalucía, se ha habilitado una sala con paneles en los que se recoge el nombre de los 900 andaluces que se sabe que murieron en alguno de los campos nazi. "Probablemente falten algunos. Pero están todos los que tenemos registrados", señala Romero.

Provincia a provincia, hay un espacio para cada víctima: su nombre, dónde y cuándo nació, en qué campos vivió y en cuál y cuándo murió. La provincia con más víctimas registradas es Córdoba, con alrededor de 240.

"Se trata de rendirles un homenaje. Saldar una deuda moral, que al menos se conozca su historia", afirma el comisario. Junto a la exposición, la Junta ha preparado un programa que incluye conferencias, debates y la proyección, esta tarde (20.30, cinemateca de UGT) de la película Espejo Rojo, un documental sobre la vida de Virgilio Peña, un republicano cordobés que sobrevivió al campo de Buchenwald y vive en Pau (Francia).

Peña y los directores del documental, los franceses Dominique Gautier y Jean Ortiz acudieron ayer a la inauguración de la exposición, en la que también estuvieron Neus Catalá, superviviente de Ravensbrück, y Francisco Batiste, que sobrevivió a Mauthausen. "La historia de Virgilio es la historia de miles de republicanos que murieron anónimos. Él no se considera un héroe, aunque objetivamente lo es", explica Jean Ortiz, catedrático de Historia en la Universidad de Pau e hijo de un republicano español que también combatió y fue apresado en Francia.

Virgilio, natural de la localidad cordobesa de Espejo, había cumplido ya 89 años cuando habló por primera vez de su paso por Buchenwald. Fue hace dos años, convencido por Jean Ortiz, con quien volvió a visitar el campo de concentración para tomar imágenes para Espejo Rojo. Las imágenes de aquel viaje son uno de los testimonios más impactantes de la película. Virgilio se reencuentra con el horror, pero su narración es fresca, no exenta de pinceladas de humor. "Aquello era insoportable, pero a la vez te morías de risa. Lo cuenta con chispa andaluza y cuando le pregunté por qué, me dijo: 'Lo cuento así para no llorar", recuerda Ortiz.

Virgilio come en la película con la cuchara y el tenedor que usaba en Buchenwald. A veces, cuando se acuesta, le tiemblan las piernas. Otras, se queda callado, como mudo. "Las imágenes le vienen a la cabeza. Aquello no se olvida", dice Ortiz, quien considera a Virgilio como un padre.

El padre real, Enrique Ortiz, fue uno de los primeros maquis que combatió en Francia. Jean lleva 15 años investigando sobre los republicanos españoles, pero para ilustrar lo que significa el exilio no se le ocurre mejor documento que coger el móvil y telefonear a su padre. "¿Me pregunta usted que si defendí la República? Pues sí. Soy republicano, pero de una república al servicio del pueblo, una república sana. No me arrepiento de nada de lo que he hecho en defensa de la clase obrera", cuenta Enrique al otro lado del teléfono.

"Fui guerrillero en Francia. Participé en la liberación de Nimes, de Burdeos. ¿Sabe la recompensa que me ofrecieron? Al terminar la guerra nos propusieron entrar en la legión extranjera para ir a masacrar a la república de Vietnam. Ésa era nuestra recompensa". Enrique sigue viviendo en Francia, aunque rechazó la nacionalidad francesa que le ofrecieron en 1945 porque quiere morir español y republicano. Tampoco ha aprendido a hablar francés. "Se inventó un idioma para comunicarse con sus vecinos", cuenta el hijo.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 11 de noviembre de 2005