Relevo de festivales. Acaba el de Sevilla dedicado al cine europeo y comienza el de Marraquech, que en esta ocasión dedica una sección al cine español como una actividad más del año dentro de los encuentros oficiales entre Marruecos y España. Se proyectarán unas cuarenta películas, la mayoría recientes, y también alguna tan clásica como Surcos (J. A. Nieves Conde, 1951), que habla del éxodo de campesinos a la gran ciudad: una curiosa película que contiene imágenes aún vigentes, como lo es una desoladora secuencia en la oficina de empleo con largas colas y rostros tristes.
En Surcos, los parados son todos españoles. Hoy, caso de que se hiciera una película semejante, deberían aparecer también muchos ciudadanos de otros países, aunque el cine español no suela interesarse por esta ya no tan nueva realidad social. Hay excepciones, naturalmente, como Las cartas de Alou, de Armendáriz; Saïd, de Lorenzo Soler; El traje, de Alberto Rodríguez, o Bwana, de Uribe, y pocas más. Tampoco la televisión la refleja como es: basta ver las encuestas a pie de calle en Madrid, por ejemplo. Parecería que los reporteros eluden cuidadosamente a cuantos tengan rasgos exóticos, a pesar de que las calles están atestadas de ellos. "En el cine español escasean las historias", ha dicho José Luis Borau esta semana en una conferencia en Gandía. Será en el cine, maestro, porque la vida parece estar llena de ellas, apasionantes, divertidas o trágicas. Bastaría bucear un poco.
Como un previo al Festival de Marraquech, el Instituto Cervantes de Rabat ha organizado un ciclo de películas españolas, ninguna de las cuales, como era de esperar, habla de la emigración. El alejamiento cultural entre España y Marruecos fue justificado por el cineasta Mohamed Abderrahman Tazi como consecuencia de la pérdida de influencia del castellano en tierras magrebíes. Sin embargo, cuando él mismo dirigió en coproducción con España la película Badis (1989), con Maribel Verdú en el papel principal, en España apenas se vio: TVE la emitió alguna vez en horario imposible, y pare usted de contar. Más tarde fue premiada en festivales italianos y franceses, y es que la mayor atención que reciben los cineastas magrebíes proviene de Francia. Y mire usted lo que está pasando allí.
Los directores y productores marroquíes tienen puesta su esperanza en acuerdos con sus homólogos españoles en los encuentros que mañana comenzarán en Marraquech, pero éstos probablemente acabarán siendo sólo de carácter oficial, con discursos y promesas, sin calado práctico.
Cada cinematografía tiene sus propios problemas. No hay más que fijarse en la desgracia de la actriz norteamericana Kate Hudson, que se ha visto obligada a denunciar a cuantas publicaciones sostienen que "tiene un desorden alimenticio", es decir, que está delgada o gorda, no sé exactamente, y que ello puede perjudicar seriamente su carrera. Hay que joderse.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 11 de noviembre de 2005