El presidente de la Generalitat, Francisco Camps, acusó ayer el portavoz del Grupo Socialista, Joan Ignasi Pla, de haber pronunciado una "soflama xenófoba" durante su intervención en la sesión de control al Consell en las Cortes. El secretario general del PSPV había afirmado que los valencianos han empezado a ver a los inmigrantes como "adversarios que les quitan los servicios" y relacionó esto con el hecho de que la Generalitat no destina recursos suficientes para atender a esa población foránea. Pla pidió a Camps -quien también le había llamado "ignorante"- que rectificara. Y el presidente lo hizo, no sin añadir que la ignorancia "es el primer paso para la xenofobia".
Las declaraciones de la consejera de Bienestar Social, Alicia de Miguel, sobre la corrupción de altos cargos del PP planeaban ayer sobre la sesión de control al Consell en las Cortes, por más que el presidente de la Generalitat, Francisco Camps, como el resto de consejeros y dirigentes regionales del partido eludieran la cuestión y trataran de correr un velo de silencio. Y qué mejor manera de hacerlo que pasando al ataque: el presidente contestó a la pregunta de Joan Ignasi Pla, portavoz del Grupo Socialista y secretario general del PSPV, sobre el Plan Valenciano de la Inmigración con la acusación de que había hecho una "soflama xenófoba". Y le llamó ignorante, además de criticarle por acudir al pleno sin corbata. Los socialistas dijeron que Camps se había "pasado de rosca".
Pla criticó la tardanza del Consell a la hora de poner en marcha el plan, comentó que los valencianos han empezado a ver a los inmigrantes como "adversarios que les quitan los servicios" y relacionó esto último con la escasez del presupuesto que la Generalitat destina a estas cuestiones.
Pero el presidente se quedó sólo con la primera parte y a partir de ahí construyó su réplica al portavoz socialista. "Usted ha hecho la primera soflama xenófoba que he escuchado en toda esta legislatura", dijo Camps. "No se puede venir aquí para despacharse un discurso sin corbata y sin datos", añadió el presidente, para añadir que la ignorancia "es el primer paso para la xenofobia".
Pla exigió a Camps una rectificación. "Uno puede ser ignorante, pero el presidente de la Generalitat no me puede llamar xenófobo porque esa afirmación no es propia" de una persona que ocupa ese cargo, dijo Pla. Camps contestó que lleva dos años "soportando impertérrito insultos y descalificaciones" hacia su persona, pero agregó: "Si he herido la sensibilidad de alguien, lo siento, porque no era mi intención". El presidente concluyó diciendo que cree "tanto en la libertad" que está "dispuesto a seguir escuchando insultos para que la gente pueda seguir diciendo desde la tribuna de las Cortes todo aquello que quiera y para que nunca haya cortapisa alguna" a las reflexiones políticas. Joan Ribó, portavoz de Esquerra Unida-L'Entesa, le tomó la palabra y le pidió que hiciera efectiva esa defensa de la libertad cuando su grupo "intenta hablar del caso Fabra".
Una cuestión de corbatas
Tres veces aludió ayer el presidente del Consell Francisco Camps, al hecho de que Joan Ignasi Pla acudiera sin corbata al pleno de las Cortes. Algo sorprendente para quienes no asistieron a la sesión del miércoles. Porque la insistente referencia del titular del Gobierno valenciano al atuendo del secretario general del PSPV -al que no es raro ver sin corbata en el hemiciclo- tenía un segundo destinatario: el presidente estaba dando al mismo tiempo un toque de atención al presidente de la Cámara, Julio de España, quien el día anterior había presidido la sesión plenaria desprovisto de esa prenda. Algo que un destacado diputado popular llegó a calificar como una "falta de decoro".
Y es que, desde los tiempos de la presidencia de Eduardo Zaplana, una norma no escrita del Grupo Popular obliga a todos sus diputados a acudir a los plenos con corbata. Hasta el punto de que en una ocasión, en la anterior legislatura, desde Presidencia de la Generalitat requirieron al entonces portavoz, Alejandro Font de Mora, para que llamara la atención a un diputado que no la llevaba. Ayer, Julio de España aseguró a sus compañeros de la Mesa que no se había sentido aludido. Pero lo hizo con una sonrisa que parecía indicar todo lo contrario.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 11 de noviembre de 2005