Dos metros y dos centímetros separaron a España de la clasificación directa para el Mundial de Alemania 2006. Ni uno más, ni uno menos. La razón: España, según Luis Aragonés, el seleccionador, sufre mal del altura. Vértigo. "La gente alta y fuerte nos complica. A nosotros nos complicó la vida Serbia [clasificada primera del grupo de España] con Zijic, un jugador de 2,02", confesó el miércoles. Eslovaquia, el rival español en la eliminatoria de repesca para el Mundial, ha tomado buena nota.
"España es técnicamente mejor que nosostros", admite Marian Kelemen, portero del Tenerife, que ayer sustituyó a Cobej, lesionado, en la selección de Eslovaquia; "pero físicamente nosotros somos muy buenos. Tenemos jugadores muy altos y muy fuertes", dice por teléfono, en un castellano inseguro. "Nuestra fuerza estará en las faltas y los córners a nuestro favor. Además, psicologicamente, tenemos ventaja. España tiene mucha presión, necesita ganar. Y nosotros ya hemos ganado porque no tenemos nada que perder".
MÁS INFORMACIÓN
Dusan Galis, el seleccionador eslovaco, que jugó en el Cádiz en el curso 1981-1982, no quiere hablar de tácticas. Pero Galis, un hombre que se declara "un cadista total", mira con ojos golosos a Xabi Alonso y Xavi, los conductores del juego español, técnicos, creativos y sin un físico privilegiado. Y Galis, que un día le estampó la cabeza contra un poste a Sañudo -defensa del Racing-, se sonríe: ha concentrado los centímetros eslovacos en el centro del campo. Contra Xabi Alonso y Xavi, pueden jugar Karhan, ex jugador del Betis, Valachovic y Hlinka. Todos miden más de 1,90.
"Nuestras mejores virtudes son la táctica y el físico", resume Kelemen. "Somos un equipo muy bien organizado, que utiliza la táctica como un arma. Dependemos de nuestra defensa y de nuestra altura para poder hacer algo en ataque. La baja de Mintal nos afecta mucho porque es un goleador", continúa. "En el Calderón no haremos un partido defensivo. Sería malo para nosotros, porque es una oportunidad histórica. Somos un país pequeño. Cuando nos separamos de Chequia, en 1993, nuestro fútbol se hundió. Es la oportunidad de que el mundo nos conozca, de que sepa que Eslovaquia existe".
Eslovaquia, un país con cinco millones de habitantes, nunca ha jugado un Mundial o una Eurocopa. Su Liga es débil. Y sus mejores jugadores se marchan en cuanto pueden: "Nuestra selección es buena. La mayoría de nuestros jugadores, 19, juega fuera de Eslovaquia, en Alemania, Inglaterra o Escocia", explica Kelemen. Cuando se juntan en la selección, comparten más que entrenamientos. Galis, el seleccionador, "habla de táctica", estudia al equipo contrario y exige a sus jugadores en consecuencia. Por supuesto. Pero no es lo único que hacen. Los eslovacos están acostumbrados a salir juntos. En esta concentración ha tocado disfrutar de Janosik, uno de los musicales de moda en Bratislava, que los futbolistas vieron con sus parejas. "Somos personas. También hay que disfrutar".
Ser futbolista en Eslovaquia, argumenta Kelemen, no es fácil. Hasta hace bien poco, el fútbol ni siquiera era el primer deporte nacional: "El hockey sobre hielo siempre ha sido muy importante. Hemos llegado a ser campeones del mundo. Ahora el fútbol es el número uno, especialmente gracias a los éxitos del Artmedia en la Champions. Sólo hacían falta buenos resultados para que hubiera una inyección de interés", explica el portero. Para que el fútbol termine de despegar, sin embargo, hacen falta infraestructuras. "Hay que construir nuevos estadios, pero hasta ahora no hemos ni empezado a hablar de remodelarlos porque no hay dinero", analiza el portero. "Es necesario hacerlo porque no hay ningún campo nuevo y así es difícil tener una liga buena. Aquí no se puede jugar en invierno, hace demasiado frío. Y hace falta dinero. Sólo el Artmedia es capaz de pagar todas las nóminas".
Eslovaquia tiene una Liga sin tradición. Pero la selección ha llegado a la repesca tras haber perdido un partido de los 12 que ha disputado en la clasificación, contra Portugal en Lisboa. También tuvo un patinazo sonoro: sólo empató con Liechtenstein.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 11 de noviembre de 2005