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Washington se reconcilia con el turbio Chalabi

Amigo, enemigo y amigo de nuevo del Gobierno estadounidense, el viceprimer ministro de Irak Ahmed Chalabi se ofreció durante el comienzo de su larga visita a Washington a ir al Senado y explicar su papel en la información de las armas de destrucción masiva sobre la que se construyó el principal argumento para la guerra. Chalabi no verá a Bush, pero estuvo el miércoles con la secretaria de Estado, Condoleezza Rice, y con el consejero de Seguridad Stephen Hadley, y verá al vicepresidente, Dick Cheney, el lunes. "Con quien tendría que entrevistarse" -señalaron senadores demócratas- "es con el FBI, para despejar las acusaciones sobre la falsa información de las armas y su presunto espionaje a favor de Irán".

"No nos corresponde a nosotros elegir a los líderes de Irak", fue la agobiada justificación que dio el portavoz de la Casa Blanca. Después de ver a Rice, Ahmed Chalabi resolvió el aluvión de preguntas diciendo: "Es más importante mirar hacia el futuro que hacia el pasado".

La extrema necesidad de contar con todos los aliados disponibles, independientemente de su fama y pasado -Chalabi es uno de los personajes menos fiables del escenario iraquí, al tiempo que uno de los más influyentes, por sus conexiones políticas y económicas- obliga al Gobierno de Estados Unidos a dar una cálida bienvenida al hombre que le convenció de que Sadam tenía armas y de que los iraquíes recibirían a los marines con flores, que después jugó un papel decisivo en la disolución y persecución del Ejército iraquí y del partido Baaz -de perversas consecuencias- y que el año pasado fue acusado de entregar información confidencial a Irán, algo teóricamente investigado por el FBI. Ante los periodistas, un Chalabi más que sobrado lo negó todo y tampoco quiso pedir disculpas por la intoxicación informativa de las armas de destrucción masiva: "Lamento las vidas estadounidenses perdidas en Irak, pero la afirmación de que engañé deliberadamente es una leyenda urbana".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 11 de noviembre de 2005