Jean-Claude Gaudin (1939) es alcalde de Marsella y vicepresidente de la conservadora Unión para un Movimiento Popular, el partido gubernamental que dirige Nicolas Sarkozy. Desde su soleado despacho frente al puerto de Marsella trata de desdramatizar las medidas de ley y orden que Sarkozy promueve desde París y alerta del riesgo de que la oleada de violencia vuelva a dar oxígeno al los ultraderechistas del Frente Nacional, que mantienen en esta región su gran bastión electoral.
Pregunta. Marsella es la única gran ciudad francesa que apenas ha padecido la oleada de violencia. ¿A qué lo atribuye?
Respuesta. Esta no es la típica ciudad francesa. Marsella, gracias a su puerto, siempre se ha caracterizado por tener una enorme mezcla de gentes y culturas. Pero lo más importante es que su crecimiento no se ha basado en la construcción de barrios enormes a 10 o 15 kilómetros del centro, sino en la distribución de los nuevos llegados por toda la ciudad. Podríamos decir que aquí no existe la periferia y, por lo tanto, y pese a las diferencias sociales, nadie se siente marsellés de segunda. También contamos con la complicidad de los medios de comunicación locales, que no han magnificado la quema de vehículos, algo que, en mayor o menor medida es normal en esta ciudad. Ello ha ayudado a no crear alarmismo y, sobre todo, a evitar que algunos jóvenes quieran imitar lo que ven en los medios.
P. ¿Qué opina de las medidas que ha previsto el presidente de su partido y ministro del Interior, Nicolas Sarkozy?
R. En Francia sólo están en contra del toque de queda los intelectuales de la izquierda y el diario Le Monde. Estoy a favor esta medida. En Marsella no lo hemos aplicado porque no ha hecho falta, pero estoy a favor de que los prefectos que así lo estimen oportuno puedan recurrir al toque de queda. Sobre otras medidas le diré que aquí en Marsella tenemos otra manera de hacer las cosas. Esto no es París y quizás por nuestro carácter mediterráneo tendemos a mirarlo todo desde un punto de vista más relajado.
P. ¿Podría dar un ejemplo?
R. A lo mejor le parecerá una tontería, pero en esta ciudad tenemos una herramienta que ninguna otra tiene, al menos en la misma medida que aquí. Me refiero al Olympique de Marsella. Nuestro equipo de fútbol ha jugado un impagable papel vertebrador de la ciudad y está resultando una gran ayuda para cohesionar la sociedad y suavizar las rupturas como la que ahora vive Francia. Los colores del Olympique nos unen a todos de una forma difícil de explicar y esto se nota en la calle.
P. En Francia algunos hablan de la vía marsellesa para la integración. ¿Existe?
R. Sólo le puedo hablar de la política que yo he aplicado en los últimos diez años. Pragmatismo y generosidad. Nada de fórmulas mágicas y tratar de apoyar desde el ayuntamiento a las asociaciones que trabajan en los barrios. Además, aquí hay una concepción diferente del republicanismo francés. La separación entre los poderes públicos y la religión no es tan fuerte como en el resto de Francia y creo que la gente de Marsella, por su carácter, lo agradece.
P. Pero la ultraderecha les está acechando. En esta ciudad Jean Marie Le Pen ganó por goleada a Jacques Chirac en la primera vuelta de las presidenciales de 2002. Algo debe fallar ¿no?
R. Es cierto, el Frente Nacional es mi gran rival político y un peligro muy serio. Sin embargo,desde 2002 ha perdido cierto apoyo electoral. Parece que las cosas vuelven a su cauce.
P. ¿No teme que los disturbios de los últimos días actúen como un nuevo balón de oxígeno para la gente de Le Pen?
R. Es obvio que el Frente Nacional se está frotando las manos. Cuanto peor estén las cosas, mejor para sus intereses y esto es lo que debemos evitar. Sin embargo, debo recordarle que actualmente el Frente Nacional no tiene ningún concejal en el Ayuntamiento de Marsella, los perdió todos en las últimas elecciones. [Otro partido ultraderechista, el Movimiento Nacional Republicano, surgido de la escisión del Frente Nacional, conserva dos concejales en el consejo municipal de Marsella. Entre ellos el líder de la formación, Bruno Mégret].
P. Pero el Frente Nacional pide la expulsión de los inmigrantes delincuentes, un mensaje que también ha hecho suyo Sarkozy.
R. Ya he dicho que mi política, desde la alcaldía de Marsella es la del pragmatismo.
P. ¿Qué soluciones ve?
R. Algunos, como Sarkozy, hablan de conceder a los inmigrantes el derecho de voto en las elecciones municipales como una vía de integración. Yo no estoy de acuerdo, prefiero plantearlo de otra forma. Hay que dar la nacionalidad francesa a las personas que viven aquí y se sienten franceses independientemente de su origen. El derecho de voto debe ir asociado a la obtención de la ciudadanía.
P. En una ciudad con tanta inmigración como Marsella esto puede ser un gran revulsivo.
R. En Marsella tenemos a más de 100.000 personas
[de una población total de 800.000] que no son ciudadanos franceses pese a tener aquí buena parte de sus raíces. Esto debería acabarse.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 11 de noviembre de 2005