La incapacidad americana de afrontar los desastres del Katrina fue despachada rápidamente con una crítica sumaria al ultraliberalismo de aquel país.
Ahora nos encontramos con la erupción de la violencia vandálica en Francia, y su credo social, un secular intervencionismo estatal, en los antípodas de EE UU, ha cosechado asimismo un rotundo fracaso.
¿Qué nos queda por ensayar?
Quizá algo menos de enconamiento político, para no atribuir todos los males sociales al sistema "perverso" de nuestros adversarios, y también algo más de humildad para aceptar que la maldad y la ignorancia son también parte de la naturaleza humana, y que hay que contar con estos componentes en el proyecto de la sociedad en la que queremos vivir.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 11 de noviembre de 2005