Ahora que la violencia imperante en los Institutos de Educación Secundaria se ha generalizado hasta el punto de superar porcentualmente a la doméstica, ahora que ya no es posible continuar ocultándola, la consejera de Educación, Cándida Martínez, se apresura a negar que desde la administración educativa se haya minimizado el problema. Sin embargo, basta con recurrir a las hemerotecas para constatar que, durante los últimos cursos, ante cada nuevo caso de acoso escolar o ante cada nueva voz de alarma del profesorado, tanto los delegados provinciales de Educación como ella misma calificaban de puntuales o aislados estos episodios de violencia, restándoles importancia con monótona tozudez.
Ante la imposibilidad de seguir negando la evidencia, La Consejería anuncia ahora la creación de un "Observatorio" para detectar y solucionar los casos de violencia escolar. Si la consejera hubiera escuchado a los profesores de Secundaria, que no precisamos de observatorio para detectar una realidad con la que nos confrontamos cada día, en lugar de a sus "expertos" de despacho, no tendría ahora necesidad de negar lo que sí hizo.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 16 de noviembre de 2005