Unas 3.000 personas acudieron ayer al palacio de los deportes de San Pablo de Sevilla, habitual sede de partidos de baloncesto, para asistir al sorteo de 720 viviendas protegidas. Sobre un escenario situado sobre la cancha, dos bombos decidieron la suerte de 316 discapacitados físicos que optaban a 23 viviendas reservadas para minusválidos y de los más de 41.000 que habían presentado solicitud para obtener los 697 pisos restantes.
Los pisos, levantados en barrios de la ciudad como San Jerónimo, Pino Montano, Amate y La Calzada, cuestan entre 56.000 y 89.000 euros.
Antes de las diez y media, la hora en la que estaba convocado el sorteo, muchas personas ocupaban ya los asientos del palacio de los deportes y otras iban llegando en un goteo constante: algunas se habían tomado el día libre en el trabajo, otras iban con sus niños, algunos de ellos bebés, y otras iban a ver si sus hijos tenían la suerte de obtener una vivienda nueva a un precio más de tres veces inferior al coste del mercado en Sevilla.
Durante los más de tres cuartos de hora que tardaron en llenarse los dos bombos con todos los números de los solicitantes, Pepi sostenía emocionada una estampa de San Lucas Tadeo, esperando que el "patrón de los imposibles" le diera suerte a su hijo Rodrigo, un camionero de 30 años que, con el de hoy, ya acumula seis sorteos de la empresa municipal de la vivienda de Sevilla (Emvisesa) sin suerte.
Para ella, su marido y sus dos hijos quería un piso Cristina, que aún vive con sus padres y que optaba a un piso protegido a pesar de que trabaja, precisamente, en una inmobiliaria.
El sorteo, por su carácter masivo, siguió las recomendaciones de la Junta de Andalucía: sólo se sacó una bola de cada uno de los dos bombos y los números agraciados fueron los correlativos a partir de él y hasta cubrir el cupo de viviendas. En marzo y junio se celebrarán dos nuevos sorteos de 1.003 y 1.006 pisos.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 16 de noviembre de 2005