Todos los pasajeros, 39 veinteañeros y un hombre con la barba ya cana, están ya embarcados 45 minutos antes de la salida de su vuelo a Bielefeld (Alemania). Todos se han dejado cachear de buen grado, ninguno llevaba más equipaje del permitido y sólo uno ha pitado en el detector de metales. Una balsa de aceite que poco tiene que ver con un aeropuerto normal, pero éste no lo es. La nueva terminal de Barajas está ya en pruebas para que todo esté listo para operar el 29 de enero.
En el ensayo de ayer, el octavo, unos 160 figurantes trazaron ante los medios una perfecta coreografía para repartirse en cuatro vuelos imaginarios. Sin nervios y con 41 euros más en el bolsillo por unas siete horas de trabajo. A Pedro, estudiante de 22 años, le gustó más el vuelo de pega a Brasilia de la mañana que la moderna terminal, aún sin tiendas ni agobios, que ve "demasiado fría". Prueba junto a su amigo Alejandro, de 20, las cisternas automáticas de los aseos. "Bien, bien", dicen. Hasta ahora sólo ha habido fallos "asumibles", según AENA, como algún problema al imprimir tarjetas de embarque. Aún faltan 18 pruebas, las más complejas.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 30 de noviembre de 2005