Simplezas
Las cuestiones simples son de una extrema complejidad. ¿Asistiría usted a una manifestación donde uno de los concurrentes dice que el Gobierno de Zapatero "lo ha puesto todo patas arriba y como sigamos así puede haber una guerra, nos quitan la religión, nos ponen las bodas gay, se da papeles a todos, y es una vergüenza lo que está pasando con la Cope...?". En efecto, es una vergüenza lo que está pasando con Jiménez Losantos, al que conocí (de la mano de Lluís Fernández) cuando iba de reivindicador de Azaña, reconvertido ahora en un patético Millán Astray de repostería y sin condecoraciones. En cualquier caso, ¿quién va a dar el primer paso para sacar las armas a la calle en la guerra (civil, por supuesto) que algunos vaticinan? ¿Los votantes del pepé? ¿O el manifestante pepero que se indigna con preguntas retóricas del tipo "¿qué es eso de sacar los muertos de la tierra y hacer homenajes a Carrillo"? ¿Quién manipula a esas pobres gentes en la capital del dolor?
Errores
Nunca esta comunidad había sido tan próspera para el ramo de promotores, urbanizadores y empresarios de la construcción, ahora de la mano de un Rafael Blasco cuya trayectoria quedará marcada para siempre por su adicción a las recalificaciones urbanísticas, incluso -acaso- en la época en que Mao Zedong, que en paz descanse, decretó la vuelta a las raíces de la tierra, esto es, a las tareas agrícolas, como mejor remedio para las pájaras de los intelectuales. Rafi Blasco no es un campesino cualquiera, aunque tampoco es un intelectual, de modo que en el cruce de esa doble circunstancia encuentra el pretexto para reordenar a su antojo un territorio por el que no parece sentir mucho aprecio, si no le pertenece directamente o por vía sucesoria. Otros de sus jefes anteriores no le permitieron esas veleidades de Cid Campeador, por lo que fue destituido de manera fulminante. ¿Cesará Blasco a Camps cuando llegue su momento?
Manguerazos
Supongo que algunos de esos centenares de indigentes que cada mañana piden limosna en el lastimoso corredor de Valencia que va desde el Pont de Fusta hasta la Estación del Norte serán los agraciados por los servicios de limpieza del Ayuntamiento, que han decidido contribuir a su aseo personal mediante la expeditiva fórmula de anegar de agua sus cobijos nocturnos en las aceras periféricas de la ciudad. Se agradece el detalle, pero acaso convendría o bien avisarles el día anterior o bien sugerirles que abandonen en ese instante el lugar si no quieren verse anegados como ratas de alcantarilla. Un claro ejemplo de sana higiene social mal diseñado. Y encima querrán que el indigente sonría agradecido mientras ingresa en urgencias por neumonía. Si es que puede.
'Lennonianas'
Más que excepcional, John Lennon (del que ahora se cumple el 25º aniversario de su asesinato), era un músico de extremada facilidad para componer canciones, no diré facilonas, pero sí muy quedonas. Triunfó con The Beatles, claro, donde su ambigua relación con Paul McCartney se vio compensada por la ausencia de sintonía musical con los otros miembros del grupo, y después los dejó, incitado o apoyado por nuestra conocida Yoko Ono, la eximia artista, pobre. Hay que decir que Imagine es poco más que una balada romántica con una letra insufrible por su vaguedad de bienpensante adolescente con inquietudes. Y que Paul definió como nadie la famosa pelí ¡Qué noche la de aquel día!: "Parecíamos cuatro chiquillos idiotas dando saltitos por la calle". El genio que soñaba con eternos campos de fresas acaba siendo absorbido por el tampax japonés, un tanto a la manera de Carlos por Camila, mientras sueña con la pureza -la limpieza, diría yo- de un rock ya un tanto imposible.
Condolencias
Tomemos en serio por un instante a la secretaria norteamericana de Estado, Condoleeza Rice, cuando afirma que las operaciones encubiertas de la CIA salvan vidas, también europeas. Es posible. Pero resulta complicado establecer un balance que determine si salvan más vidas, europeas o no, de las que matan, islamistas o no. En el golpe contra Chile parece que el resultado no ofrece dudas, a favor de la CIA, naturalmente, y lo mismo en el Congo y en tantos otros lugares. Pero que los cielos europeos se vean ensombrecidos por vuelos nocturnos de aparatos que tienen un inquietante parecido con cárceles ambulantes y extraterritoriales, es algo que, al menos, debiera consultarse con los gobiernos de los territorios que sobrevuelan. ¿O quizás ya lo han hecho? Y si no lo tomamos en serio resulta peor todavía. Algo así como una nueva versión de los vuelos de la muerte bajo la forma del peaje por diversos aeropuertos europeos.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 12 de diciembre de 2005