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Crítica:ZARZUELA

En clave de cine

Presenta La verbena de la Paloma, como todo el género chico, pensado para ser programado en el teatro por horas, problemas de adaptación a los tiempos actuales por los hábitos de duración. Un espectáculo de una hora se considera excesivamente corto para llenar por sí solo una sesión hoy, con lo que o bien se recurre a los programas dobles, con las consiguientes dificultades de complementariedad, o bien a estiramientos, como en esta ocasión, para alcanzar los estándares televisivos o cinematográficos de hora y media.

Y precisamente con la mirada puesta en la fascinación del cine se produce el alargamiento de esta Verbena, con un prólogo que bajo el título El telón cinemático trata de acercar al espectador de hoy al ambiente del teatro Apolo de entonces y con unos diálogos añadidos, en los que el cine es destacado protagonista con alusiones a algunas de sus estrellas emblemáticas como Louise Brooks, Greta Garbo o Marlene Dietrich, "morenas" o "rubias" del celuloide incorporadas a la cotidianidad popular "del pueblo de Madrid" a través de sus películas. La propia versión escénica que el actor y director argentino Sergio Renán hace de este espectáculo está dedicada a Benito Perojo, autor de una versión fílmica de La verbena de la Paloma.

La verbena de la Paloma

De Tomás Bretón. Director musical: Miguel Roa. Director de escena y audiovisuales: Sergio Renán. Con Juan Manuel Cifuentes, Enrique Ruiz del Portal, Manel Esteve, Raquel Pierotti y Sandra Ferrandez, entre otros. Orquesta de la Comunidad de Madrid, Coro del teatro de La Zarzuela. Nueva producción. Teatro de La Zarzuela, 10 de diciembre.

Tengo mis serias dudas de que el espectáculo mejore con el estiramiento, pues las obras están pensadas para una duración determinada, y si se las fuerza por algún lado o bien pierden el estilo o la tensión decae. Aquí sucede lo segundo. La verbena de la Paloma es una obra maestra tal como es y lo mejor es dejarla como está. En todo caso, es el público el que debe adaptarse a su duración breve. ¿No se aclimata en sentido contrario el público vecino de la ópera, sin rechistar, a las cinco horas de Parsifal, pongamos por caso?

Hechas estas matizaciones, la representación se desarrolló de forma solvente, aunque quizás un mayor hincapié en las particularidades del lenguaje habría sido oportuno, al menos en su lado de garbo e ingenio. Miguel Roa dirigió con la desenvoltura que le caracteriza en este género y la orquesta respondió también con soltura. El elenco vocal y teatral es bastante homogéneo, sin especiales figuras que destaquen, pero consiguen una lograda sensación de conjunto. En cuanto los personajes estén un poquito menos comprimidos, las representaciones irán hacia arriba y tendrán ese puntito de descaro, que ahora está todavía a tres cuartos de camino.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 12 de diciembre de 2005