José Tomás deja la alcaldía de Galapagar por graves problemas de salud. Parece ser que la agitación de la vida política de Galapagar no es lo mejor para su corazón, pero yo me pregunto: ¿qué tensiones tiene que soportar un alcalde que cuenta con la tranquilidad que otorga una mayoría absoluta en su pueblo y un Gobierno amigo en la Comunidad de Madrid?
La verdad, no lo comprendo muy bien, pues desde que está en el gobierno galapagueño, no ha tenido tensiones de ningún tipo, pues ni ha negociado, ni cedido ni escuchado a los vecinos. Por tanto, cobra crédito la tesis del nuevo Plan General de Ordenación Urbana, fruto de este gobierno del PP, que meterá con calzador las 8.910 nuevas viviendas en el 27,44% del territorio "no protegido".
Esta sobredosis de ladrillo tiene, por fuerza, que ser muy dañina, y a la vista está. Y otra cosa que también me deja bastante perpleja en todo este asunto es la cuestión de la sucesión. Todo el mundo acepta como normal el hecho de que pase a la alcaldía el tercer edil en la lista electoral, cuando, normalmente suele ser la segunda persona, que en este caso, fíjate qué casualidad, es una mujer.
Mal estamos en la aplicación de políticas de igualdad y el reconocimiento de los derechos de la mujer, cuando en este caso ni siquiera la afectada ha dicho esta boca es mía.
No sé por qué se le otorga el beneficio del mérito indiscutible al tercer concejal mientras que nadie propone a la segunda; ¿será que éste cuenta con suficientes atributos? Ya veremos.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 12 de diciembre de 2005