Al parecer, tristemente, las medidas recogidas en el novedoso Plan Concilia no han sido del gusto de todos. Me interesan especialmente las críticas a la posibilidad de que los funcionarios acumulen las horas del permiso de lactancia a las 16 semanas del permiso por maternidad, que dan a entender que este es un privilegio al alcance de unos pocos. Hacerlo extensivo a todos sólo es cuestión de voluntad, puesto que la Audiencia Nacional, en Sentencia de 29 de marzo de 2004, declaró conforme a Derecho la norma del Convenio Colectivo de ALDEASA que preveía dicha acumulación, estableciendo que dicha norma no restringe, sino que amplia las posibilidades que concede el Estatuto de los Trabajadores en su artículo 37.4.
Más recientemente, el Tribunal Supremo ha expresado en un fallo este mismo criterio, si bien esta posibilidad sólo se admite cuando así lo prevea el convenio colectivo. Así, pues, ¿a quién le toca mover ficha? España tiene la tasa de fecundidad más baja de Europa y no es de extrañar, dada la dificultad de compatibilizar el desarrollo de la vida profesional con las responsabilidades familiares.
La adopción de medidas para la conciliación de la vida laboral y familiar puede conllevar un coste económico para la empresa, pero en aras de su propio beneficio, pues deben entender que la flexibilidad horaria, en modo alguno está reñida con la productividad y que, por el contrario, la falta de respuesta a estas demandas provoca que las familias cada vez tengan los hijos más tarde y en menor número, con la consiguiente disminución de la población activa y sus consecuencias sobre el mercado de trabajo.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 12 de diciembre de 2005