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CARTAS AL DIRECTOR

Sobre 'La identidad de una esquina'

En relación con el artículo 'La identidad de una esquina', de Manuel Cruz, publicado en EL PAÍS el pasado día 7, considero que el autor cae en algún error a la hora de hacer su análisis.

El primero de ellos es considerar que el argumento de la supuesta necesidad del nuevo Estatuto para elaborar nuevas políticas sociales que Cataluña requiere fue aireado a tenor del desinterés social por la reforma del que algunos alertaron. Dando una ojeada al programa que el PSC presentó en las elecciones catalanas, constataremos que ya en éste se hablaba del Estatuto como "garantía de progreso social y de los derechos de ciudadanía" y establecía como primer objetivo de éste el "reforzar la garantía de los derechos políticos, económicos y sociales de los catalanes".

En el segundo error de fondo en que cae el articulista, y que le lleva a un análisis posterior erróneo, o al menos en parte, también afirma que el presidente Maragall declaró en el Parlamento catalán que "sin duda, habían hecho mal muchas cosas; cuando lo que dijo

el president fue, literalmente, que "nos podemos haber equivocado, con toda probabilidad". Pero antes, en una afirmación que no tiene desperdicio, se mostró convencido de la necesidad de escuchar los argumentos que están dispuestos a darnos aquellos que están en contra del proyecto o de determinadas partes del mismo, obviando "las exageraciones, los gritos, el griterío" que puedan llevar consigo. Escuchar los argumentos y, en caso de no poder rebatirlos, aceptarlos, dijo.

Para acabar, cabe decir que no todo en mí son discrepancias y que coincido con el autor en que, igual que existe la España plural, existe la Cataluña plural. Y esa Cataluña plural ya fue invitada a expresar sus propuestas para el Estatuto en el Parlamento catalán, y volverá a ser invitada a expresarse, en referéndum, cuando las Cortes aprueben el texto definitivo. Esperemos que, para entonces, se haya acabado el griterío.- Mario Núñez i Martínez. Altafulla (Tarragona).

Confieso que la lectura del artículo 'La identidad de una esquina' me ha dejado perplejo y preocupado. Comparto, desde luego, su hastío por la fiebre identitaria que en los últimos años parece haberse apoderado de casi todos. ¡No es fácil vivir en un mundo en el que hasta las esquinas quieren tener identidad! Lo que entiendo menos es su reclamado derecho a vivir "sin patria alguna". ¿Tan mal están las cosas en esa Cataluña maragalliana que incluso un intelectual como Manuel Cruz se siente inclinado a salirse por la tangente? ¿Tan asfixiante se ha vuelto el ambiente para los no nacionalistas en estos prolegómenos del nou Estatut como para que algunos de los mejores se sientan ya empujados fuera de los muros de la ciudad? ¿Tan desamparados se sienten los catalanes de izquierda moderada por el PSC como para resignarse a vivir arrinconados?

¿No sería más eficaz -me permito sugerirle- acercarse un poco más a "los de siempre" para defender juntos los derechos de todos? Desde el País Vasco, donde todavía somos muchos quienes, tras un cuarto de siglo de régimen nacionalista "reforzado", seguimos reivindicando tenazmente nuestra condición -y nuestros derechos- de ciudadanos españoles, le animo a no borrarse tan de barato de la nómina de nuestros compatriotas. ¿Acaso no es evidente que con tal dimisión de su nacionalidad, que llevaría aparejada la pérdida del estatuto jurídico de ciudadano, sería usted quien saldría perdiendo?- Javier Fernández Sebastián. Bilbao.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 12 de diciembre de 2005