En tan sólo tres años, The office se ha convertido en un fenómeno social en el Reino Unido y en el resto de países donde se ha estrenado, incluyendo Estados Unidos, donde los avispados productores de televisión ya preparan una versión. Líder de audiencia durante sus tres temporadas, el éxito se debe a su brillante y corrosivo retrato del mundo laboral. People & Arts (dial 27 de Digital +), cadena creada por la BBC y Discovery, estrena esta tarde (de lunes a sábado, 20.30) la comedia de situación, producida por la televisión pública británica. Asimismo se ofrecerán dos especiales de Navidad, uno de ellos nominado este año a los Premios Emmy. Canal + también ha emitido The office.
¿Quién no ha tenido un jefe inútil o unos compañeros lentos, desmotivados o envidiosos? Quien más y quien menos ha experimentado alguna vez esta situación, principal gancho de la serie. La acción transcurre en una pequeña empresa dedicada a la papelería, situada a 45 kilómetros de Londres y liderada por David Brent, un jefe inútil, machista, arrogante y racista. El ambiente claustrofóbico y la rutina del trabajo se unen al carácter siempre irritante del protagonista, capaz de sacar de quicio a un grupo de empleados de lo más heterogéneo, aquejados de las manías y las excentricidades más variopintas.
Con estos antecedentes, es obvio que The office es el reflejo algo distorsionado, eso sí, de la realidad que a diario viven millones de personas en todo el mundo con idénticas frustraciones, envidias y aspiraciones profesionales. Un lugar donde las cosas más triviales adquieren categoría de trascendentes por la ignorancia o la rivalidad de sus protagonistas. Los brillantes diálogos y el excelente retrato de personajes son la base de la fama de la serie.
Ricky Gervais y Stephen Merchant, guionistas de la serie, reflejan en ella su experiencia de más de 12 años como trabajadores en diferentes oficinas. Ambos han volcado en The office situaciones reales basadas en sus propias experiencias, que convierten esta comedia en una crónica del mundo laboral de hoy, tan ácida como las propias situaciones experimentadas por sus creadores. En palabras de sus responsables, representa todo aquello que nadie quiere encontrarse pero que a menudo es lo único que hay: mediocridad, celos, cotilleos maliciosos, bromas pesadas, ambiciones y, en ocasiones, alguna puñalada por la espalda.
El propio Gervais da vida también al intérprete principal, David Brent, el peor jefe del mundo. Lo mejor del personaje es el contraste entre cómo se ve él mismo y cómo le ven los demás. Convencido de que es uno más del equipo, juega constantemente a gastar bromas para ganarse la confianza de sus empleados. Sin embargo, su escasa inteligencia saca muy pronto al hipócrita, y pomposo que lleva dentro.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 12 de diciembre de 2005