Las cámaras digitales han dado un salto cualitativo en prácticamente todos sus componentes. El sensor medio de una compacta se puede situar en los 5 megapíxeles -los de menor resolución han quedado relegados prácticamente a los teléfonos móviles-, calidad suficiente para satisfacer a los más exigentes. La pantalla se ha convertido en otro de los elementos fundamentales de las nuevas cámaras, casi todas superan las dos pulgadas (más de cinco centímetros de diagonal) para poder apreciar las fotografías a un tamaño aceptable y eliminar de paso el visor tradicional, ahorrando costes, pero condicionando la realización de la foto a una nueva forma de encuadrar. El retardo del obturador para captar la fotografía se ha acortado tanto que se ha vuelto inapreciable. Los programas internos, o firmware, son cada vez más precisos con los datos que capta el sensor y producen mejores imágenes, además de ir incluyendo progresivamente el formato RAW. El otro punto importante, el precio, se mantiene en unos 250 euros para una compacta media, mientras que la aparición de nuevas réflex semiprofesionales está cambiando la inicial reticencia de los más tradicionalistas.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 15 de diciembre de 2005