La ministra de Comercio francesa, Christine Lagarde, fue una de las protagonistas de esta cumbre. La férrea oposición de Francia a la eliminación de las subvenciones agrícolas de la UE le granjeó más de una mirada de rechazo, y no sólo por los ministros de los países en vías de desarrollo, sino también por algún colega europeo. Ella nunca cedió hasta ver las cosas claras y calcular bien el coste político de su posición. Lagarde incluso no tuvo reparos en cuestionar la propuesta del comisario europeo de Comercio, Peter Mandelson, cuando le pareció que excedía los límites de su mandato.
"El acuerdo ha precisado esfuerzo, trabajo y tiempo para lograr un resultado que no es perfecto, que no es totalmente satisfactorio. En cualquier caso, creo que es un acuerdo positivo para la UE, porque ha permitido reafirmar nuestra unidad", dice la ministra.
MÁS INFORMACIÓN
"Avanzamos", dice Lagarde, quien reconoce que hay mucho trabajo por hacer sobre el texto del pacto alcanzado ayer. Aunque sostiene que no es el mejor acuerdo, opina que protege un cierto número de intereses de la UE y de Francia, en particular. París insiste, además, en que la oferta europea en agricultura está condicionada a que las otras potencias del mundo, en clara referencia a EE UU, hagan esfuerzos similares para impulsar las negociaciones comerciales.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 19 de diciembre de 2005