Media mañana. La hora del cigarrillo. El empleado deja su ordenador, toma el ascensor, sale a la calle, fuma y vuelve. Dependiendo de la temperatura, unos cinco minutos. A 10 cigarros diarios, una hora de trabajo perdida. Su producción disminuye. El empresario se enfada. Los compañeros también, al cargar con su trabajo.
Ése es el panorama que, a primera vista, se presentará el 1 de enero. Pero sólo a primera vista. El director del centro para la investigación en tabaquismo de la Universidad de California, Stanton Glantz, uno de los expertos con más publicaciones sobre la economía del tabaco, niega la mayor. "Ésa es la imagen falsa que ha lanzado la industria. Donde se ha prohibido fumar ha aumentado la productividad. El fumador no sale 10 veces a la calle, sino tres o cuatro, las que realmente disfruta el cigarrillo. Ya no fuma los cigarrillos que fumaba sin darse cuenta, sólo por llevarse algo a la boca. Se pierde un tiempo de trabajo, pero se fuma menos y, a cambio, disminuyen las bajas laborales, los gastos sanitarios y se ahorra en el seguro de incendios".
"Esto es una tapadera de los grandes problemas, como la droga y el botellón", dice el encargado de una cervecería que nunca ha fumado
En la agencia Efe, un gran cartel recuerda los días de humo que quedan, pero entretanto se sigue fumando y la 'narcosala' está casi siempre vacía
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El responsable de medio ambiente y salud laboral de Comisiones Obreras, Joaquín Nieto, afirma que las empresas solucionarán el problema de las salidas de los fumadores con sentido común: "Un fumador es un adicto y no se le puede prohibir que salga a fumar porque pierde tiempo. Él tendrá que controlarse, pero no habrá mayores problemas". La patronal aún estudia si la ley repercutirá en las cuentas.
Los expertos niegan también que los no fumadores vayan a sentirse agraviados por las salidas de sus compañeros. El presidente del Comité Nacional para la Prevención del Tabaquismo, Rodrigo Córdoba, afirma que los no fumadores prefieren que los fumadores salgan a la calle antes que respirar el humo en el centro de trabajo.
La prohibición sí es mala para un negocio: el tabacalero.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 25 de diciembre de 2005