En relación con el editorial sobre Rusia publicado en su diario el pasado 29 de diciembre, quisiera expresar mi asombro ante una postura poco explicable hacia un país amigo tradicional de España. EL PAÍS en más de una ocasión ha criticado diversos Estados, sin preferencias políticas, por su conducta en materia de democracia y derechos humanos. Pero pocas veces estas críticas han desembocado en exhortaciones al acoso y al aislamiento de los mismos. En el caso de Rusia éstas son aún menos comprensibles porque se basan sobre los argumentos que, por muy discutibles que sean, de ningún modo pueden justificar una nueva "guerra fría".
Rusia nunca ha esquivado el debate serio e imparcial sobre la democracia. Sin embargo, creemos que en el mundo de hoy, plagado de problemas y desafíos comunes que afectan tanto a Rusia como a los países occidentales, debe prevalecer el lenguaje de diálogo y cooperación, y no de acusaciones y amenazas.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 30 de diciembre de 2005