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Reportaje:CULTURA

Cervantes, un joven de 458 años

El autor del año hubiera cumplido en abril su 458º aniversario. Y sigue tan campante. Es Miguel de Cervantes Saavedra y su Quijote llegó a los cuatrocientos años como si se hubiera acabado de publicar. Remozado, acudió a las librerías de la mano de una edición que preparó Francisco Rico, subrayó la Academia y publicó Santillana en todo el mundo de habla española.

Hubo otras ediciones: el Quijote ha estado en todas partes, de él se ha hablado más que de cualquier otro personaje de la literatura o de la historia, y ahora Google, que es el medidor mundial de la actualidad de la gente, tiene registrados más de siete millones de términos que le aluden.

Cervantes, que no vivió para ver su éxito ni tiene herederos que lo reclamen, se ha convertido en un generador de ventas y de derechos de autor, y su personaje más importante, Don Quijote de La Mancha, ha recorrido otra vez escenarios que sólo estuvieron en su imaginación cuando él los pintó. Roger Chartier, el ideólogo francés de la lectura, dijo del Quijote que "es un hito en la difusión del hábito de leer", y en España al menos se ha convertido en el metro iridiado que se usa para medir si alguien es o no persona cultivada; el Círculo de Bellas Artes de Madrid instituyó hace años (cuando lo dirigía el actual presidente del Instituto Cervantes, César Antonio Molina) una lectura pública del famoso libro, y ahora esa lectura, en la que participan famosos y muy famosos, es un acontecimiento también en otros lugares del mundo.

El buscador Google, que es el medidor mundial de la actualidad de la gente, tiene registradas más de siete millones de entradas que le aluden

Pero pocos creían que el Quijote iba a ser tan famoso en su más que celebrado aniversario. Cuando al entonces dirigente de la oposición José Luis Rodríguez Zapatero se le ocurrió la idea de subrayar el cuarto centenario del libro faltaba aún mucho para el 2004, y la mayoría de los que le escucharon decir en el Parlamento que ese centenario iba a estar entre sus prioridades si ganaba unas elecciones se rieron de él en público y con ganas. Y no sólo sus contrarios.

Cuando Zapatero se enfrascó en la lucha por su improbable victoria y quiso convocar a la gente de la cultura para hablarles del Quijote hubo un enorme vacío a su alrededor, que sólo aliviaron con su presencia el Nobel Saramago, los cineastas Manuel Gutiérrez Aragón (que ha hecho quijotes) y José Luis García Sánchez, y el actor Juan Luis Galiardo, en quienes algunos ven al Quijote redivivo.

La adoración de Guanajuato

Cuando ganó Zapatero las cosas cambiaron, y ya el Quijote ha estado en todas las solapas, como un trofeo mundial que hubiera ganado España. En Guanajuato (México), donde recibe tanta adoración que creen que allí está enterrado el personaje de Cervantes, hay más estampas del Quijote que de la Virgen de Guadalupe.

Ha sido teatro, cine, series, libros, pretexto para debates y congresos, material de la lucha feminista, instrumento para desgravar a Hacienda, sellos de Correos, metáfora habitual de los políticos... Los que se rieron de Zapatero también se han subido en los lomos de Rocinante y han cabalgado junto a Sancho para hacer del Quijote el personaje más famoso de la historia de España.

Muerto en 1617, cuando también fallecía William Shakespeare en Inglaterra, Cervantes le ha proporcionado a la industria cultural del español, al fin, mucho más que una fecha, ese 23 de abril que comparte con su colega inglés y que ha servido aquí para festejar los libros. Shakespeare ha sido siempre una figura industrial para Gran Bretaña; el 400º aniversario del Quijote ha puesto a Cervantes en ese nivel.

En la última Feria Internacional del Libro, celebrada en Guadalajara (México), el académico Arturo Pérez-Reverte sacó a batallar al soldado Cervantes; le escuchaban cientos de escolares mexicanos, como si estuviera hablando del último guerrero de una batalla futura. Fue un héroe cansado, sufrió persecución y heridas en batallas en las que se portó como un soldado valeroso, pero lo más grande que hizo fue dedicarse a imaginar cómo sería un héroe que saliera de los libros para simbolizar con su locura la manera de ser de una literatura y de una lengua. Ahora es su símbolo; quienes lo leen lo han convertido en su emblema, y a juzgar por el éxito que ha tenido al cumplir los cuatrocientos años parece que fue una novedad publicada ayer mismo por un autor viejísimo que la historia ya no va a sepultar nunca.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 1 de enero de 2006

Fe de errores
Miguel de Cervantes murió en 1616 y no en 1617 como se decía en el reportaje sobre el IV centenario del Quijote publicado en Domingo aparecido este último fin de semana.

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