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Cómo dejarlo

El buen propósito estrella del año nuevo puede ser dejar de fumar. Todos los expertos coinciden en que es posible, siempre que el interesado, no su familia ni su jefe, esté por la labor. En contra de la creencia general, el peor enemigo no es la nicotina, una sustancia muy adictiva, pero que puede sustituirse por parches, chicles o un inhalador para engañar al cerebro por unas horas; lo más difícil es aprender a vivir sin tabaco y eliminar todos los rituales que se han creado a su vera: el cigarrillo con el primer café, el de la sobremesa o el de la salida del cine. Abandonar esos hábitos que los expertos llaman "gestuales y psicológicos" puede costar hasta nueve meses, mientras que la dependencia nicotínica desaparece en pocas semanas. Los cigarrillos más deseados son pocos y suelen estar bien identificados. El resto es pura compulsión aderezada con dosis de ansiedad y algo de estrés. Nadie, ni los ex fumadores, ni los terapeutas, se atreve a dar reglas de oro para dejar de fumar, pero todos coinciden en que hay que tener un motivo claro para hacerlo. Y vale todo: la salud, el bolsillo, un hijo por llegar o rendir más en el gimnasio. Una vez que se tenga una razón para dejar de fumar hay que repetirla como un mantra para escapar de las situaciones de riesgo. Una buena estrategia para empezar puede ser eliminar esos cigarrillos superfluos hasta dejar sólo los imprescindibles. Lo próximo es fijar una fecha, el Día D, y anunciarlo a los cuatro vientos de manera que se convierta en un compromiso público.

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"Cada fumador es un mundo y no existe una terapia universal", dice Consuelo Jiménez Santolaya, experta en tabaquismo y neumóloga del hospital de La Rioja. Las unidades especializadas en tabaquismo de los hospitales públicos apuestan por un tratamiento que combina las terapias que, según las publicaciones científicas, funcionan. En estas unidades suelen recalar los fumadores difíciles, que ya han fracasado en varios intentos y que probablemente necesiten una combinación de sustitutos de la nicotina, ansiolíticos y apoyo psicológico personalizado para superar los momentos más duros. Sin embargo, según Santolaya, muchos fumadores no precisarán de esta artillería pesada para liberarse del tabaco. Con ganas, información y algo de apoyo emocional, la mayoría será capaz de conseguirlo. Con esta idea han surgido las líneas de teléfono para dejar de fumar que informan sobre los tratamientos y ayudan a superar los cinco minutos de crisis (los expertos aseguran que las ganas irresistibles de fumar no duran más que eso). Además ponen al interesado camino del centro público antitabaco más cercano.

Los kilos de más son el gran argumento a favor de seguir fumando. Y no sólo de las mujeres. Efectivamente, se suelen ganar entre tres o cuatro kilos que se pueden neutralizar con algo de ejercicio físico y cambiando los frutos secos y los caramelos de los momentos de crisis por algo más light. Los terapeutas disponen de remedios que demuestran alguna clemencia con la báscula.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 1 de enero de 2006