El Ministerio de Exteriores trató ayer de quitar hierro al contencioso de la venta de material militar a Venezuela. Primero, un portavoz de este ministerio llegó a decir que la decisión de vetar la venta era de los fabricantes estadounidenses y no del Gobierno de Estados Unidos, pero posteriormente aclaró que las empresas proveedoras de las piezas conflictivas habían actuado en función de los criterios políticos fijados por su Gobierno.
En medio, un portavoz de la Embajada de EE UU en Madrid se encargó de precisárselo en declaraciones a Europa Press: "La decisión es del Gobierno estadounidense".
La misma fuente de Exteriores añadió que el veto no tiene por qué afectar al futuro de las relaciones entre Estados Unidos y España, que, dijo, son "excelentes", como indicaba el comunicado emitido el jueves por la Embajada norteamericana en Madrid. Esa nota insistía, señaló el diplomático, en este mismo deseo de que el incidente no afecte negativamente al clima entre los dos países.
Las fuentes citadas destacaron, además, que el comunicado estadounidense deja claro que el veto relativo a esta operación no implica que se vetarán automáticamente otras posibles operaciones con Venezuela, ni mucho menos las ventas de material de Defensa que puedan acordarse con otros países. "Hay una diferencia puntual, y eso es todo", vino a decir la fuente.
Desde que el ministro de Defensa, José Bono, inició las negociaciones para la transacción que ha sido vetada ahora, Exteriores ha mantenido una actitud reticente, preocupada ante todo por las consecuencias para la política española en la región y para las complicadas relaciones con EE UU. Los dos departamentos llegaron a entrar en conflicto abierto y un alto cargo diplomático amenazó con dimitir cuando los negociadores trataron de forzar una visita a Caracas del presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, durante su gira latinoamericana de 2004.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 14 de enero de 2006