Juan Gila Boza, es comunista, tiene carnet y militancia. Lo ha sido durante 80 años y lo es ahora que va a cumplir los 91. Sirva esta contundente afirmación como respuesta a la carta publicada por su periódico en la que el Sr. Espinosa ponía en duda la trayectoria política y personal de Juan Gila Boza, el protagonista de La hoz y las flechas, libro que he escrito basándome en su testimonio y en el contraste riguroso de su memoria. Parte de un error el firmante de la carta al aducir que el libro analiza una causa judicial. No es un libro sobre un expediente sino sobre una persona. La diferencia no es sutil, es sustancial. Dudar de la veracidad de la vida de Juan es algo más grave que un error profesional o una falta a la verdad. Es perverso e inmoral. Todos los que hayan leído la biografía de Juan saben, como lo saben sus compañeros de partido, sus amigos, sus vecinos o quienes le dieron una paga hace muchos años como represaliado del franquismo, que Gila Boza conserva el expediente de la causa por la que fue a la cárcel pero que el original no ha estado disponible al menos hasta la fecha de la publicación del libro en su Archivo correspondiente. La fotocopia, sí, por supuesto, así como otros documentos igualmente valiosos que han servido como soporte de su memoria. Pero es la memoria de un hombre, la peripecia vital de un hombre, la que se cuenta. A mí es Juan Gila Boza, su vida, su dignidad y el respeto que todos le debemos el que me importa. La Historia es de los hombres y las mujeres que la hacen como saben todos los que aman las historias y las trabajan, personalismos, patrimonialismos y celos aparte.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 19 de enero de 2006