Pues la verdad es que a mí no me parece del todo mal eso de que pongan consejeras en las empresas que cotizan (editorial La vía noruega, 18-1-2006), aunque, para ser sincera, tampoco me dice mucho; qué le vamos a hacer. Que ordenen de una buena vez las cúpulas de las grandes empresas -feudo masculino donde los haya- está muy bien, pero la solución no es que incorporen con cuentagotas a los consejos algunas señoras que han tenido acceso a una preparación de altura estratosférica debido, en más de un caso y con todos mis respetos, a los muchos posibles de sus ricas familias y a sus muchos y compuestos apellidos.
La solución a la discriminación por razón de género en las empresas pasa por la ruptura de una vez por todas de ese famoso techo de cristal que es muy real y que en algunas de las mejores empresas de este país está tan bajo como el ejemplo que pongo. BBVA:
- Directoras regionales de empresa: 0 de 8.
- Directoras territoriales de banca comercial: 0 de 13.
- Directoras de zona: 3 de 154.
Y fíjense que tengo la impresión de que no les da ni siquiera un poquito de vergüenza. Esto sí es la realidad de este país.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 19 de enero de 2006