Ahora resulta que el alcalde de Madrid tiene miedo de colapsar la ciudad con las obras de la prolongación del túnel de Santa María de la Cabeza ¡con la que tiene montada! Como vecino de Arganzuela y usuario regular de la M-30 creo que las obras en la misma podían cuidarse mucho más, sobre todo en cuanto al control de calidad del estado diario de la vía ante el continuo movimiento de la obra que se desarrolla en la misma: repintado de líneas, carriles de incorporación, trazado de curvas...
Lo que asusta a los sufridos vecinos de Arganzuela, que soportan el soterramiento de la vía con grave deterioro del hábitat urbano (casi desaparición de los parques de la Arganzuela y del Matadero, contaminación, ruidos), es que el alcalde se haya echado atrás de la propuesta vecinal que en su día secundó de alargar el túnel de Santa María de la Cabeza, auténtica herida abierta que separa como un telón de acero los barrios de Acacias y Chopera. No puede echarse atrás el regidor pretextando colapso circulatorio y llevando el comienzo de las obras a 2008, pues está condenando a este barrio al caos continuado.
Y nosotros, señor alcalde, vivimos aquí y queremos que alguna vez el Ayuntamiento se preocupe, pero de verdad, de mejorar nuestra calidad de vida. Me explico: esta zona como todo el centro de Madrid, echa en falta una política de sanciones hacia los desalmados que no evitan que sus perros defequen en cualquier parte, o que siendo peligrosos vayan sueltos y sin bozal; echamos de menos el control sobre la oferta y venta de servicios con megáfono rodante (algo prohibido por las ordenanzas municipales) o a bombonazo limpio (el tradicional butanero).
* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 21 de enero de 2006