Barcelona ha estrenado la ordenanza del civismo ante la mirada desafiante de algunos colectivos afectados. Las prostitutas continuaron ayer desbordando las aceras de la calle de Sant Ramon y las tribus de patinadores invadiendo la plaza de los Àngels; mientras, los vendedores ambulantes se asomaban en las travesías de las Ramblas, los mendigos cantantes asaltaban un día más los vagones del metro y los echadores de cartas descifraban el futuro en la plaza Catalunya.
"Hemos decidido dar un tiempo para la disuasión y la información", aseguraba ayer la concejal de Participación Ciudadana, Assumpta Escarp, una de las animadoras de la nueva reglamentación, que tiene como objetivo regular y permitir la convivencia en los espacios públicos.
El Ayuntamiento se dispone a movilizar un verdadero ejército de vigilantes que tutelará el cumplimiento de las normas. El grueso de esta tropa la configurarán agentes de la Guardia Urbana y de los Mossos d'Esquadra, que estarán asistidos por los trabajadores de Promedia, encargados del mantenimiento del mobiliario urbano; los operarios de Parques y Jardines, y los responsables de las áreas verdes y azules. El municipio creará una unidad administrativa con la misión de instruir expedientes, resolver recursos y cobrar las multas en el mínimo tiempo posible.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 26 de enero de 2006