En su libro Confesiones de un chef, Anthony Bourdain llega a comparar la cocina de un restaurante con un barco pirata lleno de mercenarios, traiciones, puñaladas traperas y una fiera coordinación de mecanismo de relojería. El que falla es hombre muerto. Es un trabajo esclavo, una ruina. ¿Por qué dedicar la vida a ese infierno laboral? Cuenta Bourdain que todo empezó cuando, de niño, sintió el intenso sabor de una ostra fresca en su boca. "Lo recuerdo como la pérdida de la virginidad... Y por muchas razones, con mayor satisfacción", escribe.
Los participantes de Oído cocina (Cuatro) parecen los tripulantes de un barco pirata. Son un grupo de jóvenes "inadaptados" que reciben clases de expertos, como en Operación Triunfo, pero muchos no parecen comprender el fin redentor de todo eso. No han descubierto la ostra de Bourdain, la madalena de Proust, por ser más prosaicos: el punto G de la cocina. Lo hay. No es un orgasmo tipo A (el sexo es el placer rey), es algo más onanista, una especie de cosquilleo místico-genital que sube por todo el cuerpo. Ahí empieza la gastronomía, para el comensal y para el cocinero.
En Duelo de chefs (Cuatro), el miércoles, el concursante Adolfo hizo un impresionante despliegue de técnica, pero la pasta a la marinera le quedó cruda y puso sólo un hilo de una salsa elaboradísima. Un gatillazo. Vamos a cocinar con José Andrés (TVE-1) es muy didáctico. Es importante aprender trucos, nuevas combinaciones, conocer los materiales y herramientas. Y también compartir el plato recién hecho. José Andrés pone el acento en el placer, pero a veces lo ahoga en aceite verbal. Karlos Arguiñano (Tele 5) es el decano en la materia.
Su "rico, rico" ha abierto paso a la actual pubertad gastronómica televisiva. Pero la mayoría es aún virgen. Por ahora es como la época del destape. Cuando todos vayamos descubriendo nuestro chef interior, tal vez cambien las cosas. Para entonces Dos rombos será un programa sobre geometría, Aquí hay tomate y Salsa Rosa unos acalorados debates gastronómicos, y la CNN, Canal Cocina.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 27 de enero de 2006