El que fue el primer presidente de la nueva Rusia, Borís Yeltsin, regresó ayer al Kremlin, pero esta vez lo hizo para celebrar su 75 cumpleaños. Más de 200 personas estaban en la lista de invitados a los festejos, entre las que destacaban el ex presidente norteamericano Bill Clinton y el ex canciller de Alemania Helmut Kohl, junto a, por supuesto, toda la élite política rusa. Los festejos son una muestra más de lealtad del actual líder ruso, Vladímir Putin, al hombre que le designó para dirigir los destinos del país al dimitir sorpresivamente el último día de 1999. El régimen de Yeltsin estuvo marcado por las dolorosas reformas económicas, que golpearon a gran parte de la población, por su carácter impredecible y diversos escándalos. Pero nadie duda del gran logro de Yeltsin: en sus propias palabras, "haber terminado con el totalitario régimen bolchevique y haber creado un nuevo Estado, basado en los principios de la economía de mercado y de la libertad del pueblo". En otras declaraciones, el ex presidente dijo que la felicidad comenzó para él el 31 de diciembre de 1999 por la tarde, después de haber entregado el poder. Pero Yeltsin hoy vive alejado de la política y raras veces da entrevistas. Se dedica a la vida familiar, con sus hijas y nietos, y con frecuencia viaja al extranjero para ver los partidos de tenis, su deporte favorito.
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* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 2 de febrero de 2006