Selecciona Edición
Selecciona Edición
Tamaño letra
Tribuna:

Raimon 'forever'

La reflexión sobre el paso del tiempo atraviesa la obra de Raimon. Todo un ciclo temático de Espriu (Cançons de la roda del temps); más de un clásico del siglo de oro catalán; sus propios textos, recogen la idea del libro XI de las Odas de Horacio: "carpe diem, quan minimun credula postero", canto culto al vivir al día aprovechando los rincones más mínimos de la cotidianidad. Se podría formular, jugando con las palabras, que la filosofía de Raimon sobre el paso del tiempo, sin quererla, le ha hecho trascender al tiempo, sin pretenderlo. Raimon forever, del latín al inglés, o del ayer al hoy sociolingüístico.

El público de Raimon suele comentar, feliz, su don o duende para mantener la vigencia, 43 años después de Al vent; la crítica también se ha hecho justo eco de esa capacidad de segregar actualidad. Se valora de Raimon el saber estar en el presente, y aun más en el presente exponencial que es la noticia; especialmente, ante el acoso de quienes quisieron enterrarle al final de la dictadura, como si aquel horror fuera el único ecosistema en el que podía desarrollarse. Tal vez hoy estamos en condiciones de entender mejor esta antítesis, en un momento de revisionismo histórico que pretende reducir a la anécdota o el ridículo a quienes lucharon contra Franco.

El poder de vigencia de Raimon en tiempos de caducidades apresuradas tiene muchos registros, como su voz misma, que da de tenor y de barítono -cosas del diapasón bien vitaminado por las naranjas de Xàtiva. Los recitales en el Teatre Nacional de Catalunya (TNC) que hoy se reemprenden hasta el domingo, ofrecen una primera pista de la persistente actualidad de Raimon. Su vanguardismo. Siempre innovando. Cuatro recitales, cuatro repertorios diferentes. Pocos cantantes tienen material para una oferta de originales no fotocopiados y por supuesto, la propuesta es interesante para un público general y para cuatro segmentos muy particulares: Raimon solo, el grito, el melisma y la guitarra, esa suerte de especial cante jondo al noreste de don Antonio Mairena; Salvador Espriu, sobre fondo musical de Ros Marbà; los poetas del siglo de oro, que arrastraron a Raimon hacia melodías tan maravillosas como Veles e vents o Si com lo taur, aquí con las ideas orquestales de otro gran maestro como Josep Pons; y la antología, con dos estrenos de corte minimalista, pequeñas joyas de poesía y música.

Cuestión esencial que razona la vigencia es la universalidad temática. Las canciones de lucha de Raimon no eran panfletos de usar y tirar ni se aguantaban únicamente en función de su evidente rol de agitación; son lírica de la buena. Los temas que trata son amplios y permanecen: la lucha contra las restricciones de derechos humanos y civiles, la conciencia de clase y de pertenencia nacional, la reivindicación de la memoria colectiva...

Raimon evoca circunstancias con la finura del circunloquio y ello les da alas en el tiempo. T'he conegut sempre igual nos cuenta los sinsabores y compensaciones morales de la vida clandestina a partir de un episodio cotidiano. Quan jo vaig nàixer es un dibujo preciso del paisaje después de la batalla de la Guerra Civil. De nit a casa rememora la inquietante espera nocturna de la policía, pero sutilmente, a fuerza de imágenes, como en la película Kamchatca, en la que Roberto Darín, Cecilia Roth y Héctor Alterio hablan sin hablar de nombres y fechas, sólo con sensaciones, del golpe de los militares argentinos.

En la música encontramos la última respuesta a la perennidad de Raimon. Su composición es más clásica que pop. Es en la camerística donde encaja mejor, ese es el formato de sus recitales en el TNC: cuerda, madera, leve percusión, en un abanico de nueve instrumentistas culminados a derecha e izquierda del escenario por Josep M. Alpiste, el mejor concertino que ha tenido la orquesta de Barcelona, y Francesc Burrull, pianista y director, hombre sin el que no puede entenderse todo el espectro sonoro popular, y que le llevó a conducir con éxito el Aula de Música Moderna y Jazz del Conservatorio del Liceo.

Lo citado hasta aquí es susceptible de verificación académica. Pero hay que sumarle un intangible sin el que Raimon no sería el que es ni, diría, sacaría tanta voz: la fuerza de la convicción. Se comentaba en el TNC. Vivimos tiempos de políticas pret-à-porter en los que el poder a cualquier precio lamina ciertas ideologías (hablar de principios en estos supuestos sería una hipérbole excesiva) y las salda en las rebajas. La tremenda fuerza de Raimon resuena así mucho más en los altavoces del alma. O por lo menos, según sus propias palabras, "de aquello que antes llamábamos alma".

Antoni Batista es periodista, crítico musical y autor de Raimon. La construcció d'un cant (Edicions de La Magrana y RBA).

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 2 de febrero de 2006