Si el lector nos tolera la oficiosidad de anotar lo que sin duda le consta, diremos que un blog es, sucintamente descrito, un diario personal con informaciones y comentarios editado y distribuido a través de Internet. Los autores se denominan blogueros y su número aumenta incesantemente. Se trata de una variante de periodismo y narcisismo, tan a menudo indiscernibles. Sólo nos falta añadir que el consejero portavoz del Gobierno autonómico, Esteban González Pons, es uno de ellos y que su página web delata la atención que le presta. Resulta asombroso que le quede tiempo para ello, siendo así que entre sus funciones figura el seguimiento y control de los medios de comunicación. No solo los controla, sino que también los reparte pro domo sua, cultiva y disciplina. Un verdadero caso de laboriosidad y vocación tardía.
Pero toda dedicación va a ser poca a la vista del frente crítico que tiene abierto la Generalitat, particularmente en el ámbito urbanístico. Aún colea el Informe Semanal que TVE le dedicó al asunto, con el desmedido y poco menos que esperpéntico intento de replicar por las bravas un reportaje que, si de algo pecó, fue de prudente y hasta de elusivo. En esas estábamos cuando -tal como se narró el martes pasado en estas páginas- una televisión pública y varios grandes periódicos alemanes incidieron en este mismo capítulo noticioso presentándolo con perfiles escandalosos, en consonancia, por otra parte, con los comentarios divulgados de parlamentarios europeos después de visitar estas costas. Tenemos la impresión de que al mentado consejero se le amontona la faena y que de poco va a servirle su probado desparpajo.
Claro que siempre le queda la posibilidad de echar mano de la televisión doméstica, RTVV, y darle la vuelta a las imágenes, ofreciéndonos una versión idílica de la trapisonda inmobiliaria que está devastando el país valenciano, urbanísticamente herido antes incluso de que el PP exprimiese con saña y cinismo una ley que no era suya, pero que acogió y ha aplicado hasta las heces con una devoción absoluta. No nos chocaría nada que tras el portazo que le dio TVE, sorda ante la insólita réplica exigida, y la inaccesibilidad de los aludidos medios teutones, el consejero hiciese suya la idea y pusiese a trabajar en ese sentido a los leales periodistas de Burjassot, sede de la televisión pública valenciana. Todo es cuestión de filmar el lado amable de los PAI y engolar un texto dulce.
Nos tememos que, no obstante el cambio del marco legal urbanístico que conlleva la entrada en vigor de la nueva ley, el consejero portavoz habrá de seguir aguantando el chaparrón crítico, que apenas si había alarmado al Consell mientras se contuvo entre los límites territoriales de la Comunidad. Ya los ha trascendido y calado, además, en Europa. De poco vale alegar -y menos consuela- que en otras zonas del Mediterráneo se cometen iguales o peores excesos, o que hay malas gentes empeñadas en desacreditar nuestras bondades medioambientales. Pero no nos extrañaría que, faltos de otros argumentos, insistiesen en estos tópicos. Todo, menos enmendar una política que sólo se puede alabar desde la codicia, la ceguera o el mentado blog del consejero, este inesperado colega con quien tanto discrepamos.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 2 de febrero de 2006