Michael Schumacher se marchó el martes por la noche a la Ciudad Deportiva del Valencia, en Paterna, para disfrutar de su otra gran pasión, el fútbol. Junto a empleados de Ferrari y el valencianista Carboni, jugó un partidillo tras los entrenamientos en el circuito Ricardo Tormo de Cheste. El alemán no fue el más rápido (le superaron Barrichello y Davidson), pero sí quien más vueltas dio (87), el primero en entrenarse y el último en dejar la pista. Y Rossi, que le había quitado el protagonismo en su primera prueba oficial con Ferrari, hizo un trompo, se salió de la pista y no completó ni una vuelta.
Rossi no se divierte con el fútbol como Schumacher. El italiano, siete veces campeón del mundo de motociclismo, se marchó cabizbajo a su caravana, sin rastro de su sonrisa habitual. Un grupo de aficionados tuvo que animarle. "Son cosas que pasan", se limitó a decir sobre su accidente. El asfalto mojado y la dificultad para controlar el bólido rojo en las curvas le amargaron el estreno. Pero ayer cambió el panorama. El cielo se despejó, el sol secó el circuito y Rossi demostró que aprende rápido. Sufrió tres trompos, dos en la misma fatídica curva, la del puesto 15 de comisarios, en la que el martes perdió el control del coche, protagonizó una salida de pista en el viraje de Ángel Nieto y se saltó una bandera roja cuando todos los monoplazas tenían obligación de pararse. Pero también marcó el noveno mejor tiempo, más rápido que otros seis pilotos y a sólo 1,637 segundos del mejor de todos, el campeón del mundo, Fernando Alonso.
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El piloto español llegó y voló. El martes por la noche aterrizó en Valencia desde Montecarlo y ayer a las diez ya compartía pista con Schumacher, de nuevo el más madrugador. Fue una aparición fugaz del corredor de Renault y de su compañero, el piloto finlandés de pruebas Heikki Kovalainen. Alonso completó tres vueltas al circuito a un ritmo lento, y después de cruzar la línea de meta el coche se paró. Algo no funcionaba, algún dato no era el correcto, y los mecánicos le ordenaron detenerse. El nuevo R26 fue cubierto de inmediato por una tela gris y una grúa lo retiró. Todo se tapa, todo se esconde ante los ojos de los rivales. Y todo se cuida al máximo. Dos empleados de Renault tardaron tres horas en colocar el martes unas cintas adhesivas en el suelo para marcar el lugar donde debía parar el R26 en el box.
Alonso no volvió a competir hasta cinco horas después. De repente se vio engullido por la nube de gente que le rodea. Una decena de periodistas japoneses con tapones en los oídos para combatir el ruido le seguía a todas partes. Su padre, José Luis, apenas pudo pasar tiempo con él. Poco después, unos 50 empresarios españoles y extranjeros del nuevo patrocinador del equipo, una empresa coreana de barcos que ya luce su nombre en la parte frontal del casco, le sometieron a una interminable sesión de fotografías, autógrafos y palmaditas en la espalda. "Sólo tengo 10 minutos para comer", se quejó el asturiano cuando le pidieron la enésima instantánea. En ese tiempo devoró un plato inmenso de pasta sin tomate antes de volver a la pista. Y esta vez fue en serio. Corrió 52 vueltas y marcó el mejor tiempo (1m 11,219s) pese a que muchos de los demás pilotos ya se habían entrenado el día anterior. Le siguieron el británico Button (Honda, 1m 11,327s) y Schumacher (Ferrari, 1m 11,831s).
Rossi sorprendió a todos y fue noveno (1m 12,856s) entre 15 pilotos de ocho escuderías. Superó a David Coulthard (Red Bull, 12º en el pasado Mundial), Alex Wurz (Williams, 17º), Gary Puffet (McLaren), Mark Webber (Williams, 10º), Jarno Trulli (Toyota, séptimo) y Robert Kubica (Sauber). Según el director de comunicación de Ferrari, Rossi necesitaba "acomodarse" al coche, con el que pilotaba "rápido en las rectas y asegurando en las curvas". Precisamente fue en los virajes donde el italiano tuvo más problemas. Mantuvo un ritmo similar al del resto de corredores durante la mayor parte del recorrido, pero a la hora de girar el volante perdió la referencia de los demás. Rossi marcó en los entrenamientos de la mañana mejores tiempos que Kimi Raikkonen en la primera jornada, marcada por la lluvia. El finlandés viajó ayer en avión a Finlandia aquejado de un fuerte dolor de garganta que le impidió seguir los entrenamientos. Su lugar lo ocupó el colombiano Juan Pablo Montoya en unos McLaren pintados de naranja.
Hoy se estrenan el brasileño Massa, compañero en Ferrari de Schumacher, que no compite, y el español De la Rosa, con McLaren. Rossi promete seguir aprendiendo. Alonso, volando.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 2 de febrero de 2006