Vestida con chilaba y hiyab (pañuelo islámico) y con un hijo en brazos, Fátima logró abrirse camino para dar la mano al presidente José Luis Rodríguez Zapatero al final del Paseo de Ceuta y, tras su hazaña, se volvió sonriente hacia su familia, apostada a unos metros. "¡He saludado al presidente!", les dijo.
Zapatero se dio en Ceuta un baño de multitudes, lo que no hizo la víspera en Melilla. Salió del Ayuntamiento y caminó cerca de un kilómetro y, en el último tramo, los musulmanes ceutíes eran, a juzgar por su vestimenta o el idioma en el que se comunicaban, los más numerosos. Le aplaudían a rabiar, daban vítores al jefe del Gobierno y se empujaban para saludarle.
No eran personas movilizadas por el PSOE, sino que la mayoría se topó con la comitiva por casualidad. Sus aclamaciones desmienten ese temor, expresado en diciembre en un sondeo del Real Instituto Elcano, en el que un 68% de los españoles veía en el aumento de la población musulmana de ambas ciudades un peligro para su españolidad. Dentro de pocos años la mayoría de la población de Ceuta y Melilla será de confesión musulmana.
Si hay algo que contradice la propaganda marroquí sobre los "enclaves ocupados" son las imágenes de musulmanes aplaudiendo al presidente español, que los marroquíes nunca verán en su televisión.
Zapatero tuvo una deferencia no prevista en el programa con la Unión Democrática Ceutí, el principal partido de la oposición, compuesto por musulmanes. Recibió a su líder, Mohamed Alí, y a sus otros dos diputados 10 minutos en el Parador. Le entregaron un voluminoso informe con peticiones, elaborado en común con Coalición por Melilla de Mustafá Aberchán.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 2 de febrero de 2006