Si la amenaza de referir su caso al Consejo de Seguridad buscaba que Irán flexibilizara su postura en la crisis nuclear, se ha conseguido todo lo contrario. Aplaudido por varios miles de iraníes, el presidente Mahmud Ahmadineyad desafió ayer a los seis países (los cinco miembros del Consejo de Seguridad más Alemania) que le exigen el fin de su programa atómico. "No vamos a inclinarnos ante esas potencias de paja. El pueblo iraní es independiente desde hace 27 años y toma sus decisiones de acuerdo con su voluntad", dijo durante una visita a la ciudad sureña de Bushehr, donde Irán construye su primera -y hasta ahora única- central eléctrica nuclear.
"Tenemos derecho a la energía nuclear y resistiremos hasta lograrlo", manifestó Ahmadineyad en un discurso retransmitido en directo por la televisión nacional. "Nuestro país no puede ceder a la presión de unos cuantos países matones que imaginan que ellos son el mundo entero", añadió el presidente ultraconservador. "La energía nuclear es nuestro derecho", le respondió en coro la multitud congregada para escucharle, entre la que se apreciaban numerosas mujeres.
La propaganda oficial ha asociado el acceso a la tecnología nuclear con la modernidad y el desarrollo. Por eso, la mayoría de los iraníes ven los esfuerzos por evitar que su país acceda a ella como una discriminación con tintes colonialistas y se sienten heridos en su dignidad nacional. A pesar de las negativas de Teherán, Estados Unidos y la Unión Europea sospechan que la intención última de su programa es dotarse de armas atómicas.
Pero el dirigente iraní no se limitó a reafirmar su intención de mantener los proyectos nucleares. Ahmadineyad aprovechó también para dar la réplica al presidente norteamericano, George W. Bush, que en su discurso sobre el estado de la Unión la noche anterior dijo que Irán es "un país rehén de una pequeña élite clerical que aísla y reprime a su pueblo".
"Ustedes, que apoyan al régimen fantoche sionista y la destrucción de casas en Palestina, no tienen derecho a hablar sobre derechos humanos y libertades", le espetó Ahmadineyad antes de presentar a su país como "portador de la bandera de la libertad". Los grupos defensores de los derechos humanos acusan a Irán de ejecutar a menores, encarcelar a disidentes, cerrar periódicos y discriminar a minorías étnicas y religiosas. Pero las autoridades iraníes argumentan que Occidente tiene dos varas de medir, y las referencias a la situación palestina buscan recabar apoyos más allá de sus fronteras.
"Quienes tienen los brazos manchados hasta el codo con la sangre de otras naciones nos acusan ahora de violar los derechos humanos y las libertades", ironizó el presidente iraní antes de mencionar la implicación de Estados Unidos "en la opresión y las guerras de Asia y África, que han matado a millones de personas". Incluso expresó su intención de juzgar a Bush por esos crímenes. "Con la ayuda de Dios, en un futuro próximo, te llevaremos ante el tribunal de los pueblos", afirmó.
Los Gobiernos de Washington y Teherán rompieron relaciones diplomáticas poco después de la Revolución Islámica de 1979, a raíz de que un grupo de estudiantes radicales tomaran la Embajada de EE UU y mantuvieran secuestrados a 52 ciudadanos norteamericanos durante 444 días. La llegada al Gobierno del reformista Mohamed Jatamí en 1997 ofreció una posibilidad para el deshielo, pero sus gestos quedaron anulados con la inclusión de Irán en el eje del mal. El golpe que eso supuso para los iraníes reforzó a los sectores más conservadores del régimen y el populista Ahmadineyad está capitalizando el fuerte sentimiento nacionalista de sus compatriotas.
Ahora, la nueva Administración iraní ha endurecido su tono ante el acuerdo logrado por EE UU, la UE, Rusia y China para que la agencia de la ONU encargada de la energía nuclear envíe a Irán ante el Consejo de Seguridad.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 2 de febrero de 2006