El esperado informe de la comisión internacional encargada de controlar el cese de la actividad paramilitar en Irlanda del Norte lanzó ayer señales mixtas. Por un lado, certificó la voluntad de la dirección del IRA de renunciar a la lucha armada y el fin de la violencia por parte del brazo armado de los republicanos del Sinn Fein; por otro, la comisión sospecha que el grupo terrorista ha guardado una pequeña parte de su arsenal, básicamente pistolas, para su protección.
Además, algunos militantes siguen implicados en la delincuencia común, como las falsificaciones y el contrabando de tabaco y gasolina, y la organización sigue reuniendo información de inteligencia aunque el informe descarta que su objetivo sea atentar contra las fuerzas de seguridad.
Las reacciones fueron tan mixtas como el mismo informe. El ministro británico para Irlanda del Norte, Peter Hain, se agarró a las partes más positivas para confirmar la próxima apertura de negociaciones políticas. "El informe demuestra que el IRA se está moviendo en la buena dirección, no hay asesinatos, no hay reclutamiento, no hay robos de bancos", dijo.
El partido de los unionistas radicales de Ian Paisley lo acogió como una prueba de que ellos tenían razón cuando decían en septiembre que no había pruebas de que el desarme del IRA fuera total.
El Sinn Fein reaccionó con un ataque frontal a la comisión de inspectores, a la que nunca ha dado crédito porque no se formó dentro de los Acuerdos del Viernes Santo y se nutre de información de los servicios secretos británicos e irlandeses.
El informe sostiene que no hay pruebas de que el IRA haya llevado a cabo ningún ataque paramilitar desde que anunció la desactivación de sus arsenales en septiembre pasado y constata también el cese de las palizas de castigo en las zonas republicanas.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 2 de febrero de 2006