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Reportaje:

Los paganos de una huelga

La residencia de ancianos Ama Xantalen y las escuelas se resienten por el conflicto de la limpieza de Irún

Maria Pilar, una de las 68 personas que viven en la residencia de ancianos Ama Xantalen de Irún, se siente víctima de la huelga iniciada el 23 de enero por las 58 trabajadoras de las empresas Eulen y Clece que limpian para el Ayuntamiento, en demanda de su equiparación salarial con los funcionarios. Y no le duelen prendas en reconocerlo. "Nos tienen aquí como a animales, como a cerdos; viviendo entre porquería. Ya lo habrá visto". "Mire, vaya por el pasillo. ¿Ha entrado en el comedor? sugiere Antonia, de 84 años. "Habría que traer al alcalde [José Antonio Santano, del PSE] a comer entre la mierda".

Los servicios mínimos establecidos por el Gobierno vasco se están cumpliendo, pero resultan "insuficientes", según coinciden los residentes, para garantizar una vida cotidiana "digna" a los ancianos. Los baños se limpian diariamente, igual que la cocina y los residuos orgánicos de todo el centro y un día a la semana se realiza "un barrido húmedo" de las habitaciones -donde existe una buena higiene- y el comedor. Pero aún así, las instalaciones comunes -salvo lugares como la enfermería- se encuentran en una situación "deplorable" en palabras de una asistenta. Los residentes comen con vajilla de plástico deshechable para evitar focos de infecciones, pero lo hacen sobre un suelo lleno de migas, trozos de galleta, colillas y otros restos que han ido acumulándose durante once días de huelga. "Se hace todo lo que se puede para evitar que el anciano salga perjudicado. Lo que nota en su vida diaria es la porquería pero, por el momento, no hay riesgo de que surjan focos de infección".

"Nos tienen como a animales, viviendo entre porquería", dice una residente

Ama Xantalen no es el único centro afectado. También han acusado las consecuencias de la huelga seis escuelas de primaria, cinco guarderías y otras instalaciones municipales. Los miembros de la brigada de limpieza ya empiezan a quejarse de que sus duchas no están en condiciones y los alumnos de centros como Toki Alai se lamentan en casa: "Ama, en la ikastola es imposible ir al baño. Está asqueroso". La situación es especialmente delicada en Txingudi. Pero los responsables de este centro de alrededor de 1.000 alumnos que el lunes denunciaron problemas de higiene, ayer se negaron a abrir sus puertas a este periódico mientras se rumoreaba el cierre del comedor.

En otras escuelas, los papeles, bolsas de gusanitos, pelotas de polvo u orina en el suelo de los baños delataban la existencia de un conflicto laboral; "lo que nos preocupa son las alergias", aseguró la responsable de un centro. "El otro día tuvimos un caso". Algunos de los padres de los escolares están preocupados y han presentado denuncias en el Servicio de Atención Ciudadana de Irún; otros, entienden las reivindicaciones de estas mujeres que cobran un 35% menos que otras que desempeñan el mismo trabajo, pero que dependen directamente del Ayuntamiento o pertenecen a las mismas empresas pero "han tenido la suerte de limpiar aulas de secundaria en lugar de primaria. Todo lo que nos diferencia es una pared", afirma María José.

Por eso cobran unos 4.500 euros menos al año y por eso mantienen una huelga que el Ayuntamiento considera ajena por suponer "un conflicto entre "empresas y trabajadoras".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 2 de febrero de 2006