Hasta el repollo de: naciones, nacionalidades, sentimientos nacionales, unidad de la patria, ruptura de la patria, patria, patriotas, nacionalistas, antinacionalistas, patriotistas, antipatriotistas y, de paso, de "Oigo, oh Patria, tu aflicción". Vengan de donde vengan. Todos. Estoy harta hasta de mí, que estoy harta de todo y de todas las etiquetas, los etiquetados y los etiquetables.
O de lo contrario, adaptémonos y sigamos uncidos a la yunta:
-Buenos días, catalán.
-Buenas tardes, español.
-¿Qué tiempo hace por tu nación?
-¿Y en la capital de tu España?
-¿Cómo se encuentra tu genética castellana?
-¿Te ha dado algún susto la sangre catalana que corre por tus venas?
-Pues alguno, sí, pero la murciana no le va a la zaga.
-Ay, perdona, tengo que dejarte, que se me ha caído la bandera del balcón.
-Corre, corre, yo voy a comprobar mi insignia de solapa.
Así es como debería haberse desarrollado la conversación que ayer mantuve con unos amigos de Madrid. En realidad, ocurrió de esta forma:
-Hola, soy Jose, te mando recuerdos de Carmen y de los chicos, y que sepas que nosotros seguimos siendo los de siempre y pensando como siempre.
-Ay, Jose, y yo también, yo también. Os quiero mucho, díselo a los chicos. ¿Va todo bien?
-Sí, aguantando. No te he llamado antes porque no tenía tu teléfono, me lo ha dado Lola.
-¡Lola y Antonio! Qué majos son. Ellos también aguantan.
-Desde luego. Pues vale, muchos besos, y cuídate.
¿Pretenden que les detalle el árbol genealógico de mis interlocutores a la par que amigos? ¿Si llevan o no la estrella amarilla con que ahora debemos tocarnos? ¿Si debemos o no incluirnos en la retahíla de insultos, incomprensiones y testarazos de macho cabrío con que se adorna la vida cotidiana?
Pertenecen al grupo de lo que normalmente denominamos seres (sujeto) humanos (adjetivo) que nacieron (verbo) en Tal Sitio (adverbio de lugar; y también circunstancial).
Lo dicho. Hasta las narices.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 2 de febrero de 2006