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Crítica:CRÍTICAS

Turismo sexual

La cada vez más cargante ola de terror oriental está llegando a extremos de desvergonzada desfachatez. P. La semilla del mal, por ejemplo, se intenta vender a través de un título y un cartel típico/tópico de último integrante del movimiento cinematográfico, pero ni es oriental ni es de terror. Ambientada en Tailandia, aunque escrita, montada, musicalizada y dirigida por el británico Paul Spurrier, la película se acerca más a un producto con ambiciones eróticas destinado a presumibles turistas sexuales de viaje por Tailandia que a un ejercicio de cine de miedo, terreno donde sólo en su segunda mitad despliega unas formas más risibles que efectivas.

P. La semilla del mal está más preocupada por filmar las curvas de las jovencísimas prostitutas protagonistas que por establecer una verdadera narrativa centrada en el terror. Profundamente misógina y con algunos toques de homofobia, la película contiene una deplorable factura de serie B americana de los años ochenta; una peligrosa banalización de la prostitución en países pobres; unos diálogos nefastos, y unas cuantas imágenes tipo (la chica de pelo largo, mirada cabizbaja y maquillaje con tonos de muerte) que, a fuerza de una y mil repeticiones, se están convirtiendo en meras caricaturas de corte paródico de lo que hace unos años resultó ser un impacto visual.

P. LA SEMILLA DEL MAL

Dirección: Paul Spurrier. Intérpretes: Suangporn Jaturaphut, Opal, Pisamai Pakdeevijik, Supatra Rongsawan. Género: terror. Reino Unido, Tailandia, 2005. Duración: 110 minutos.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 3 de febrero de 2006