Soy un aficionado al fútbol, aunque cada vez me cuesta más participar de un fenómeno que es aprovechado por unos cuantos descerebrados para insultar a los jugadores de otras razas.
Los incidentes del sábado por la noche en el estadio de La Romareda durante el partido Zaragoza-Barcelona deberían constituir una auténtica vergüenza para la afición maña, que, aunque no es la única, ya se ha destacado varias veces por ese tipo de incidentes. No valen excusas ni campañas timoratas. Hay que decir bien claro que los racistas sobran en el fútbol y que su nivel de incultura es mayúsculo.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 28 de febrero de 2006