Antes de su definitiva ubicación en el futuro Museo Arquelógico de Vizcaya, que Diputación construye en la plaza Unamuno de Bilbao, los restos de la embarcación más antigua de cuantas se conservan en la cornisa cantábrica se muestran por primera vez al público, y por un periodo de dos años, en el Museo Marítimo de la capital vizcaína. Pecio de Urbieta es el nombre que recibe el maltrecho barco tras un proceso de recuperación, dirigido por Manu Izaguirre, que ha durado más de cuatro años y en el que han participado 17 especialistas en historia, arqueología, arquitectura naval y restauración de distintas nacionalidades.
Lo que se exhibe junto a la ría es menos de la mitad del casco de una pinaza (barco ligero de vela y remo) de roble, de 12 metros de eslora y 4 de manga, que, a mediados del siglo XV, tras un último viaje en el que transportó mineral de hierro en bruto desde Las Encartaciones, fue abandonada en una orilla de la ría de Gernika, a la altura del paraje de Urbieta. El descubrimiento de sus restos en 1998, durante unos trabajos de dragado y acondicionamiento del cauce, ha permitido su restauración parcial. Rápidamente se descartó la posibilidad de recomponerlo entero, con el añadido de piezas no originales.
"Lo planteamos, pero al final todos los expertos internacionales que nos han asesorado optaron por esto", señala el arqueólogo Iñaki García Camino apuntando a las escasas piezas expuestas del esqueleto. Para explicar la decisión recurre al ejemplo de la amputada Venus de Milo, a la que nadie se atreve a añadirle los brazos perdidos. "En este caso sucede lo mismo, es una pieza única y preferíamos que se mantuviera el resto arqueológico", señala García Camino.
Siete paneles rodean el pecio en el museo y ofrecen al visitante una visión más amplia al explicar, con textos e imágenes, el novedoso método de extracción en bloque y los procedimientos de excavación, tratamiento, estabilización y restitución de formas, sumergidas las piezas en agua desmineralizada con PEG o cera líquida. Asimismo, queda constancia de su contexto histórico, su modo de construcción y su posterior deterioro.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 28 de febrero de 2006