La noche del miércoles fue la presentación mundial en París de las nuevas creaciones de vestuario de Jean-Paul Gaultier para Mi Soledad, de Joaquín Cortés; la actuación de Cortés y su tropa de 16 potentes músicos entre instrumentistas y cantantes tuvo lugar en el antiguo teatro de la rue San Marin, que ahora es residencia y atelier del estilista francés. En el coqueto escenario que anteriormente albergó desde un café-cantante finisecular a un cine de culto, Cortés se lució con un baile festivo y potente donde desgranó sus saberes del flamenco más racial (desplantes, evocaciones del toreo, mezcla de elementos modernos); la ropa que sustituye 10 años de colaboración continuada con Giorgio Armani y donde imperaba una sobriedad en negro, es una explosión de imaginación y color que se inspira en las tradiciones zíngaras del este de Europa y donde no faltan tampoco las referencias a lo andaluz: volantes, plisados, chorreras, alamares y caireles, puesto todo dentro del inconfundible estilo de Gaultier, hasta conseguir un conjunto que puede haber salido de un filme de Kosturika o de un cuadro de Anglada Camarasa. El sábado 11 se podrá ver el espectáculo en el palacio de Vistalegre de Madrid.
En el público, la coreógrafa madrileña Blanca Li, el modelo y escritor Cameron, la diseñadora de joyas Mauricette Golendorf y un sinfín de personalidades que están estos días en París por la semana de desfiles. Gaultier se expresaba así: "No sólo me gusta el flamenco, me gusta el baile personal de Joaquín, que tiene una fuerza impresionante. Es su baile el que me ha sugerido todo ese color". Por su parte, Cortés reconoce que "esto es un paso muy importante, que diseñadores como Gaultier tengan la sensibilidad de acercarse al flamenco e implicarse con sus diseños".
En su danza, el bailarín cordobés volvió a demostrar su gran capacidad de innovación y de respeto por los valores de la tradición; la música, concebida dentro del lenguaje de la fusión, unía con eficacia el flamenco clásico con los aportes de la percusión cubana.
Anteayer mismo también fueron los desfiles de Rochas y Loewe, este último en el Teatro Nacional de Chaillot, ideado por el español José Enrique Oña Selfa con una rigurosa linealidad en negro que asociaba el charol con otras materias como el visón y la piel lustrada; también tuvo cuidadas citas de la costura de los años sesenta, con un detallista trabajo de pasamanería y recamado artesanos; fue, en cierto sentido, una explosión de otro camino alternativo en su estética de los tantos y distintos que ha tocado el diseñador desde que entrara en la prestigiosa casa española.-
* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 3 de marzo de 2006