La periodista Masha Gessen, de ascendencia judía, abandonó su Rusia natal en 1981 y se trasladó a Estados Unidos. Estaba "harta del antisemitismo" que imperaba en el régimen soviético. Regresó a su tierra como corresponsal en marzo de 1991, cuando faltaban pocos meses para el desplome del sistema comunista. Fue "una decisión feliz" porque le permitió reencontrarse con buena parte de su familia, especialmente con sus dos abuelas, Ester y Ruzya. El relato de sus vidas conformaba una certera lección de historia. Gessen decidió reseñar el duro devenir de ambas mujeres en el libro de memorias Ester y Ruzya (Península).
Como se dejaba claro en la edición inglesa del volumen, Ester y Ruzya sobrevivieron a la guerra de Hitler y a la paz de Stalin. "Tratar los hechos objetivamente, sin florituras, fue una de las grandes dificultades de este libro, porque todo me afectaba de forma personal", explica la autora.
Las dos mujeres eran de personalidades opuestas. Ester nació en Bialystok, una localidad polaca convertida después en gueto. Siempre se opuso a recibir órdenes por su carácter contestatario. Luchaba contra la injusticia de los invasores nazis de una forma temeraria. Cuando llegó a Moscú tampoco quiso someterse al yugo de Stalin. Ruzya, por el contrario, no tenía la misma fuerza de voluntad. Era rusa, de adolescente ingresó en el partido comunista y trabajó como censora de libros.
El peso del heroísmo
"De pequeña, las veía como dos personas antagónicas. Con el tiempo he cambiado de opinión. Nunca es fácil ser una heroína", asegura la escritora. "La vida de Ruzya fue muy complicada. Trabajó como censora porque tenía que mantener a sus hijos. Sentía cierta vergüenza de su oficio, pero también le gustaba. Era un reto diario. Si se equivocaba, podía acabar en la cárcel. Sobrevivir finalmente a esa brutal presión cotidiana es también algo heroico".
No obstante, ambas tenían muchas cosas en común y pronto se hicieron amigas. Se conocieron en Moscú, concluida ya la II Guerra Mundial. Más allá de lo que las separaba, las dos eran judías en un país que no toleraba la diferencia. "No he querido poner énfasis en el tópico de la suerte del superviviente, aunque en aquella época era algo habitual. Lo que me atraía era reflexionar sobre la suerte moral, adentrarme en cómo las personas modelan su propia moral dependiendo de la buena o mala suerte que hayan tenido en la vida", apunta la autora.
La formación de la identidad obsesiona a Gessen y es un tema que aparece en el libro que está escribiendo actualmente, centrado en la investigación genética. "Mi madre y mi tía murieron de un cáncer que se reproduce, sobre todo, entre las mujeres judías. Lo presenta el 8% de nuestra población. Se están realizando muchas investigaciones para prevenirlo. Como ya sucedió con el psicoanálisis, los estudios de genética nos permitirán entendernos mejor", concluye.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 3 de marzo de 2006